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Un dios con dudas de hombre

Morgan Freeman ríe cuando se refieren a él como ser supremo; estrena la segunda temporada de La historia de Dios
Morgan asegura que ahora tiene un mejor entendimiento de la religión (CORTESÍA NATGEO Y ARCHIVO EL UNIVERSAL)
29/03/2017
00:08
Jesús Díaz
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Pasear en auto, llegar a casa, ver atardeceres y admirar a las mujeres hermosas… Morgan Freeman enumera así cuatro experiencias que lo hacen sentirse vivo y feliz.

El actor reconoce que ha sido vinculado con Dios, posee una mística especial que lo ha llevado a interpretarlo en algunas ocasiones, incluso a ser entrevistado como si en verdad fuera un ser supremo. Las notas periodísticas suelen jugar con esta idea, lo que a él le sigue causando curiosidad.

“No tengo idea, no sé nada. No he pensado en qué habría tras la muerte para ser honesto. De todas mis lecturas y viajes y cosas, nada de esto me ha dado una indicación de dónde mi mente estaría en ese momento”, se sincera.

En realidad Freeman se define como un ser humano como cualquier otro: famoso y buen actor, pero una persona con las mismas dudas sobre la existencia, la religión, el destino y el más allá. También, como tantos, alguien que ha encontrado en la fe una fuente de esperanza y a quien le gusta indagar.

Su búsqueda se afianzó al embarcarse en la serie La historia de Dios, cuya segunda temporada inicia este domingo a las 22:00 horas en National Geographic.

La idea surgió tras un viaje a Estambul en el que vio la imagen de Jesús en una mezquita. Freeman y una amiga, Lori McCreary, se sorprendieron cuando alguien les explicó que el hijo de Dios en la religión católica es un profeta en la musulmana.

Esa coincidencia les hizo pensar en la importancia de mostrar al mundo los diferentes testimonios de fe, que derivó en la creación de la compañía productora Revelations Entertainment, junto con James Younger.

Los tres repiten la experiencia esta temporada en la que visitaron lugares sagrados, como los cenotes mayas en México —que se creía eran las puertas de entrada al Cielo y al infierno—; Angkor Wat en Camboya, construido en el siglo XIIcomo modelo del paraíso Hindú, y la Torre del Diablo en Wyoming, de la tribu de los Lakota.

“Tengo una gran curiosidad por los pueblos, su contacto social, sus estructuras culturales. Estar en sitios en donde nunca has estado. Así que esto fue como una nueva experiencia. Los Lakota me impresionaron mucho, por ejemplo, es sorprendente la fe en un líder espiritual que los lleva no sólo a proteger su vida sino su cultura”, dice Freeman en conferencia telefónica.

Esta vez serán sólo tres episodios (“El Elegido”, “Prueba de Dios” y “Cielo e Infierno”) en los que el actor explorará temáticas diferentes. Freeman se reunirá con personas, líderes religiosos, científicos y arqueólogos que le ayudarán a entender una perspectiva de grandes interrogantes.

“Sinceramente no creo que nada en mi vida espiritual haya cambiado como resultado de hacer la serie. Lo único que es diferente es que tengo una cabeza llena de conocimientos que no tenía antes”, comenta.

¿Ciencia vs. religión? La pregunta sobre si la ciencia sustituye a la religión es ociosa tanto para el actor, como para los otros dos productores de la serie documental.

Lori, de hecho, es científica: se tituló en Ciencias de Computación en la Universidad de California, Los Ángeles. Considera que la fe y la ciencia no están necesariamente separadas: “La ciencia nos ha dado respuestas que nuestros antepasados pudieron haber atribuido grandes poderes a Dios, por ejemplo patrones climáticos y cosas del estilo.

“Hemos encontrado a través de la ciencia que esas cosas son bastante predecibles y medibles. Pero, creo que entre más respuestas tenemos, más nos hacemos preguntas. Por lo tanto, creo que la ciencia y la religión o la fe pueden coexistir muy bien”, añade.

Freeman coincide: “La ciencia no reemplaza a Dios. Conozco a muchos científicos que piensan de este modo, y entre más aprenden sobre química, biología, el universo, lo que sea, eso les prueba más que Dios existe”.

El actor espera que su trabajo, en vez de dividir, una a los espectadores pues, considera, al asomarse en las creencias de los demás, la gente se permite entender a sus semejantes.

“Una de las cosas que más nos gusta es encontrar las interconexiones que todos los seres humanos comparten a través de las diferentes ideologías, religiones y culturas a la hora de encontrar la respuesta a los grandes misterios de la vida”, enfatiza.

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