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The Black List

Terciopelo Azul
Foto: Archivo
11/07/2015
00:29
José Xavier Návar
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La lista negra, espacio de justificación, regodeo y culto en torno a la diabólica y calculadora personalidad de Raymond Reddington (James Spader), es la mejor serie del momento y probablemente lo más sobresaliente que se transmite en el canal de Sony (en donde al suscriptor de cable le escamotean semanalmente media hora de Saturday night live, aparte de ser expertos en producir series abominables como Grey’s anatomy y comedias moñas que podrían competir con los amos de la especialidad: Disney.

Con el aval en cuidadísimos, atrayentes y adictivos guiones firmados por Jon Bokenkamp (el creador de la serie), Michael W. Watkins (Justified, Criminal Minds) y Joe Carnahan (El Equipo —pero, ¡ojo! no la serie producida por Génaro García Luna, con dinero del erario— y la serie criminal: Those Who Kill), La lista negra, con nominaciones a los globos de Oro y al Emmy, ha sido un verdadero trancazo de audiencia, al reportar más de 10 millones de espectadores para la NBC. Aparte de su esmerado episodio piloto donde se presenta el encantador de serpientes, Reddington que, además de poner a trabajar para él al FBI y ocasionalmente a la CIA, sólo trata con la agente Elizabeth King (la guapa Megan Boone) con quien tiene una relación misteriosa.

La constante de las dos primeras temporadas (la primera lanzada ya en formatos originales y la segunda, destapada por los dueños de los Bucaneros de Tampa Bay) es de muchos emocionantes episodios de resolución inmediata, originales vueltas de tuerca y sólo tiempo extra, si verdaderamente es necesario. Prácticamente también al servicio de Spader, está el agente Donald Ressler (un guiño de ojo al original agente Ressler, que acuñó el término de “Asesino en serie”, para que Jodi Foster le sacara provecho al doctor Hannibal Lecter en El silencio de los inocentes), el esposo de la agente Keen (Ryan Egold), que resultará un doble o triple agente, vaya uno a saber; el director adjunto de la división antiterrorismo del FBI (Harold Cooper) y todos los demás protagonicos de los que el elegante villano puede echar mano para, primero, arreglar, sus negocios “turbios” en el mundo… de la televisión.

Si hay algo que se ve, aparte de la precisión casi quirúrgica con que han sido filmados los primeros 20 capítulos, es producción dentro y fuera de las fronteras estadounidenses. Se ve el dinero, trátese de robos, terrorismo sofisticado, venganzas, experimentos casi prohibidos, sangre y plomo, filmados como debe ser para conseguir dramatismo y credibilidad en una serie que se puede dar el lujo de incorporar hasta agentes femeninas de Mosad.

Cada episodio criminal de The black list, obedece al perfil de un especialista que opera fuera de la ley, para ganar dinero que es al parecer lo único que importa, mientras la vida va y viene.

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