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Era un portero entrón

Amado “Tarzán” Palacios fue previsor y puso negocio de tortas al terminar su carrera en las canchas, pues no había tan buenos salarios
Desde niño aprendió el negocio de las torterías, al ayudarle a su madre, quien tenía un local de este giro (FOTO: JUAN CARLOS REYES GARCÍA. EL UNIVERSAL)
17/03/2017
00:36
Daniel Blumrosen Juárez
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Da lo mismo si no ha pasado mucho tiempo desde que se ingirieron alimentos o los estragos producidos por el hambre son intensos, el fuerte olor a pierna horneada, chuleta, milanesa y pollo, atrapa. Es el número 8 de la calle Manuel María Contreras, en la legendaria colonia San Rafael. “Las Tortas del Cheff” parecen ser uno más de los suculentos lugares que se multiplican en la Ciudad de México, de no ser por la leyenda futbolística que suele estar en la caja para tomar los pedidos y cobrar.

Las grandes manos, con algunos dedos chuecos, y la recia voz invitan a un viaje al pasado, justo a aquella época en la que el balompié no era tan comercial y los jugadores solían identificarse más con los clubes. Si todavía no es suficiente para descubrir que Amado “Tarzán” Palacios es quien atiende el negocio, basta con observar la pared llena de fotografías y recortes de periódicos para saber que se está delante del ex guardameta del Cruz Azul y el América, ente otros conjuntos, durante las décadas de los 60 y 70.

“Inicié mi negocio en el ‘88. A eso me he dedicado después de retirarme del futbol”, comparte el hombre que acaba de cumplir 76 años de edad, en entrevista exclusiva con EL UNIVERSAL. “Mi mamá tuvo negocios de torterías y, si quería dinero para ir al cine, me decía que debía ayudarla. Ahí aprendí. Le tenía que ayudar diario a lavar trastes, hornear la pierna… Todo eso.

“Desde chiquillo, traía la escuela de lo que es el comercio, la tortería, así es que quise poner una. Cuando me retiré, lo tenía pensado: comprar un localito y mantenerme de éste, junto a mi familia. Hay que pensar un poquito más adelante, qué va a pasar cuando me retire. Si hay buena relación con algún funcionario, comerciante o industrial, a lo mejor sí se coloca uno ahí. El único ramo que yo manejaba eran las tortas”.

Se trata de la segunda mitad de una trama cuya parte inicial se escribió sobre lienzos verdes, bajo el cobijo de tres palos blancos. La portería fue su guarida durante dos décadas de carrera.

Conocido por su plasticidad, de ahí que el estratega húngaro Jorge Marik le apodara “Tarzán”, y la vehemencia con la que defendía a sus compañeros, Palacios llegó hasta la Selección Nacional.

Durante prácticamente 20 años de trayectoria, alcanzó la cúspide al ser monarca de Liga con La Máquina en la campaña 1968-69 y como parte de las Águilas en la 1970-71, aunque ese campeonato le generó una daga que todavía lastima.

“Me dolió, porque antes hubo un problema en el América-Atlante y me pusieron un ‘cuatrote’. Fue un entrenador, al que ni siquiera deseo mencionar. Me puso un ‘cuatrote’, porque al dar las alineaciones dijo que presentía que iba a haber bronca, así es que todos los que estuvieran en la banca le iban a entrar”, relata el “Tarzán”. “Yo era titular y se generó la bronca por Ernesto Cisneros y [Mario] ‘Pichojos’ Pérez.

“[Juan Ignacio] Basaguren, quien estaba atrás del ‘Pichojos’, lo descontó, lo tiró al suelo. Salió corriendo hacia la portería, a donde estaba yo... La verdad, sí lo tacleé, lo alcancé a prender de la playera. Son recuerdos tristes, porque no me dejaron jugar la final y fuimos campeones. Otra cosa fue que hubo un fuerte disgusto de don Emilio Azcárraga [dueño del club], quien preguntó por qué no me habían puesto, así es que estaba muy disgustado, porque dijo que el ‘Pajarito’ [Cortés] había sido un miedoso por su novatez, pero no era miedoso”.

El director técnico a quien se refiere es José Antonio Roca. No le guarda rencor, pese a que “me bloqueó mucho”. En aquella temporada, inició 22 de los 36 partidos jugados por los entonces cremas, aunque no el del título ganado contra el Toluca.

Más de 40 años después, recuerda con orgullo su paso por la institución, pese a que llegó a ser criticado por saberse defender y haber practicado karate durante la niñez.

“En el América, por las broncas que tuve... Decían que era bravucón. Defendía a mis compañeros. Que les ganaba la partida con los golpes, es otra cosa. Sí practiqué karate, pero nunca lo metí. Como a los ocho o nueve años de edad lo practiqué. No con una disciplina estricta, pero sí le pegaba bastante. Fui cinta negra”, afirma. “Sabía meter las manos, era ágil para defenderme, moverme, no me quedaba estático... Son cosas que recuerdo, porque al que le van a pegar se queda parado y no sabe ni a qué hora le van a dar. Son recuerdos tristes, y a la vez satisfactorios, porque nunca me pegaron. Me movía como rehilete…”.

Nacido en Tepito, el “Tarzán” tampoco olvida su llegada a los Cementeros y cómo el fallecimiento de Guillermo Álvarez Macías desencadenó un pleito legal por su carta de futbolista.

“Inicialmente, me destapé en el Necaxa, cuando entrenaba en el Deportivo Israelita. Fue en el ‘56 y, cuando ascendió Cruz Azul [1964], don Jorge Marik me llamó para ir a allá”, comparte Palacios. “Hablé con el dueño, quien era don Miguel Ramírez Vázquez, y el señor ya pensaba en deshacerse del equipo, así es que me dio mi carta... Yo era un novato.

“Desafortunadamente, hice un convenio con don Guillermo Álvarez Macías, en el que se estipuló que, si cumplía los objetivos, iba a comprar mi carta. Se la entregué, pero él falleció y no tenía algún papelito escrito, porque confié en él. Me dijo ‘mi palabra vale más que un garabato’, pero cuando fui a solicitar que me dieran mi dinero, el licenciado Jaimes –quien era un directivo del Cruz Azul— me dijo que papelito habla y mi carta era de Cruz Azul. Hubo pleito. Me fui a quejar a la Federación [Mexicana de Futbol] y estaba don Guillermo Cañedo de presidente. Cuando solicité que me ayudaran para recuperar mi carta, Cruz Azul se opuso y empezamos la pugna”.

La aventura por un club hoy desaparecido fue la rendija que le permitió salir del problema, ya que “a final de cuentas, como Cruz Azul no quería reconocer el adeudo y me habían prestado al Poza Rica, donde me quedaron a deber 56 mil 700 pesos de aquellos… No tenían dinero para pagarles a los jugadores, así es que empezó la desbandada y me moví por otro lado. Me la recuperó Guillermo Cañedo. Aún así, siguió peleando Cruz Azul el derecho, pero no era de ellos”.

Solucionó el problema, como los demás que se pusieron en su camino dentro y fuera de la cancha.

Hoy, el “Tarzán” atiende su negocio y agradece la etapa del futbol que le tocó, esa en la que fue figura, estatus que nunca le hizo perder piso, porque “yo, [me manejo] normal. Nunca he sido presumido o [buscado] hacerme notar”.

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