Maquinita de juguete no funciona

Los Cementeros se han olvidado de ganar, la estrategia de Paco Jémez naufraga y se encienden focos rojos
Joao Rojas lamentó una oportunidad dorada de gol que Volpi atajó (JOSÉ MÉNDEZ. EFE)
05/02/2017
00:42
Édgar Luna Cruz
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Mientras Eulalio López “Zotoluco” y Enrique Ponce recibían aplausos a unos cuantos metros, Cruz Azul no pasó de pitidos y abucheos.

No había mejor ocasión para La Máquina de salir de la mala racha, al enfrentarse a un equipo que recién había despedido a su director técnico, que no había anotado en el torneo y tenía la moral baja.

Pero ni así.

Cruz Azul volvió a encontrar la forma de sabotearse. El empate a un gol frente a Querétaro hunde más al proyecto de Paco Jémez. Cinco puntos de 15 posibles: 33% de efectividad, seis juegos sin ganar (cuatro de Liga y dos de Copa).

Los pretextos se acaban y el tiempo más. Los focos han cambiado de amarillo a rojo. El discurso del español ya no es novedoso ni motivador. Hay problemas.

Hablando en términos taurinos, el gallo se fue vivo al corral. La realidad es que si Querétaro salió con un punto del Azul fue por su portero. Tiago Volpi fue una muralla. El brasileño simplemente no dejó pasar ni el aire por su portería.

Cruz Azul tardó en hacer valer su superioridad ante el sistema de juego “todos atrás” que empleó Jaime Lozano, quien hizo su presentación como director técnico. Hasta el minuto 22 fue cuando los Cementeros comenzaron a bombardear al amazónico, quien se agrandó conforme pasaban los minutos.

Primero le aguantó firme una “palomita” a Joao Rojas. Después se lanzó a mano derecha en otro disparo del ecuatoriano. Enseguida, Martín Cauteruccio remató al poste; Volpi estaba vencido, pero alcanzó a reaccionar para desviar el remate de Ángel Mena.

El segundo tiempo, Volpi lo abrió de mejor forma aún. Le sacó un remate a Mena desde el área chica y minutos después desvió —a contrapié— el balón después de una jugada individual de Cauteruccio.

Sólo había una forma de vencerlo: un autogol. Rojas desbordó por la derecha, mandó el balón al centro, donde Cauteruccio esperaba, pero antes de que llegara a él, Luis Noriega se lanzó, dejando sin oportunidad de reacción al coloso.

Pero el gol perjudicó a Cruz Azul, que bajó el ritmo, lo suficiente para no dejar de llegar, pero también para alentar a Querétaro. Rafael Baca recibió de espalda, no vio la llegada de Noriega, quien con la espinita clavada de haber anotado el autogol, fue como perro de presa por la pelota. La recuperó, hizo pared y el gol del empate que rompió el cero para su equipo en todo lo que va del actual torneo.

Otra vez, los Cementeros apelaron al carácter, “estrategia” favorita de Jémez, pero Volpi no iba a permitir que alguien volviera a lacerar su cabaña.

No hay pretextos para Cruz Azul. Además, se les perdonó un penalti de Omar Mendoza a Camilo da Silva. Hablando en términos taurinos, La Máquina no alcanzó ni a recibir aplausos del tendido, que cada vez tiene menos gente.

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