Picotazos al “vende humo”

Las Águilas despliegan alas para amanecer décimas en la tabla; Cruz Azul sigue atascado
26/02/2017
00:46
Daniel Blumrosen Juárez
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Michael Arroyo hizo una pequeña, casi imperceptible pausa en su camino a ejecutar el mágico saque de esquina que marcó la diferencia. En los linderos del área, el capitán Oribe Peralta le hizo una indicación y el atacante ecuatoriano levantó el pulgar derecho. El resto, simple rutina para la dupla azulcrema.

Sí, el “Cepillo” se valió del empujón del zaguero Bruno Valdez sobre Christian Giménez para aparecer sin marca, pero la falla arbitral resultó lo de menos para el verdugo contemporáneo del Cruz Azul, cuyo circense remate con la cabeza abrió las puertas del triunfo para el América (2-0) en el Clásico Joven.

Nuevo tomo de la novela que Águilas y Cementeros protagonizan durante los más recientes años. El visitante controló el balón casi todo el partido. Estéril. Los dirigidos por el suspendido Ricardo Antonio La Volpe, quien vivió el duelo desde un palco, se impusieron en la batalla de los sentimientos.

Eso explicó el orgullo con el que los integrantes de la barra “Ritual del Kaoz” mostraron la peculiar manta que inmortalizó aquel inolvidable remate del arquero Moisés Muñoz en la final del Clausura 2013.

El América recibió la bocanada de oxígeno que tanto necesitaba... Cortesía de su adversario favorito. Se acabó la racha de tres partidos ligueros sin victoria (un empate y dos derrotas), también la de anemia ofensiva. Peralta la dejó en 307 minutos con aquella jugada que ya es “copyright” suyo. Es cierto que el central argentino Julián Velázquez perdió su marca producto del contacto con el “Chaco” que propició Valdez, pero el cabezazo del lagunero más lagunero fue letal (29’).

El goleador le marcó a los celestes por quinto partido consecutivo. Es apenas el segundo futbolista del América que lo hace en toda la historia. Igualó a Salvador Cabañas, quien lo logró entre 2007 y 2009.

Bálsamo para un equipo que había sido dominado y nuevo fantasma para un plantel que volvió a mostrar la fragilidad de sus sentimientos. El mejor ejemplo fue el defensa chileno Enzo Roco, quien vio su segunda tarjeta amarilla y la obvia roja por una falta sobre Peralta (73’).

Fue entonces que el entrenador español Francisco Jémez se contagió de la resignación irradiada por quienes ocuparon la cabecera sur del “Coloso de Santa Úrsula”. La goleada al Querétaro (3-0) del miércoles fue simple espejismo. Los celestes llegaron a siete encuentros sin éxito en el Clausura 2017 (tres empates y cuatro derrotas) y a cinco sin imponerse a su adversario más enconado (una igualada y cuatro caídas).

El valiente discurso del europeo quedó en un esquema que innovó y permitió al visitante generar algunas opciones de gol en el marco defendido por el argentino Agustín Marchesín, quien tuvo una buena actuación. El guaraní Jorge Benítez fue quien agrandó la figura del portero.

Cuya alegría contrastó con la tristeza de José de Jesús Corona, quien volvió a sucumbir en la batalla con Oribe, que sentenció el Clásico Joven con una sutil definición, tras servicio de Renato Ibarra (82’).

Las Águilas versión La Volpe confirmaron su fuerza en el Azteca, donde no han perdido desde que las dirige. Ya van 14 juegos (10 victorias y cuatro empates), entre Liga y Copa. Marchesín también prolongó su imbatibilidad en casa dentro de la Liga.

Números que revitalizan a un pueblo que celebró tras el silbatazo final del árbitro César Ramos, quien no señaló un claro penalti del meta azulcrema sobre el atacante chileno Martín Rodríguez al inicio.

Simple anécdota en un partido que continuó la cadena que tanta felicidad provoca a los americanistas y dolor a los cruzazulinos. No hubo encuentro entre La Volpe y Jémez, por más que el “Bigotón” infringió el reglamento y bajó al camerino durante el descanso. No fue necesario. El argentino se impuso con mucho orden y el desequilibrio aportado por el genuino terror de La Máquina.

Las Águilas se han remasterizado y vuelven a soñar con la Liguilla. Los Cementeros ya son penúltimos y ahora se enfocan en la tabla de cocientes. Volver a la “Fiesta Grande” del balompié nacional, luego de tres años, ya es simple utopía.

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