La Volpe y Jémez, la historia jamás contada

El actual director técnico del América es un hombre estudioso del balompié, aunque también muy apegado a sus creencias
Especial
24/02/2017
20:47
Daniel Blumrosen
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Algunos seleccionados nacionales no podían creerlo, pensaban que era una broma... Hasta que Ricardo Antonio La Volpe Quarchioni (Buenos Aires, Argentina, 6 de febrero de 1952) levantó la voz para exigirles que se integrarán a la dinámica.

Alistaba al Tricolor de cara al Mundial Alemania 2006 y, junto a sus colaboradores, elaboró un peculiar ritual que consistía en que cada futbolista plasmara sus temores en un papel. Todo lo escrito sería echado a un ataúd que fue enterrado.

Ese es el actual director técnico del América: un hombre con carácter explosivo, estudioso del balompié, aunque también muy apegado a sus creencias.

Gustoso del feng shui, ancestral sistema filosófico chino —de origen taoísta— basado en la ocupación armónica del espacio, el veterano entrenador da mucha relevancia a la energía, y suele hacer partícipes a sus jugadores, más allá de que puedan o no estar de acuerdo.

Forma de ser que aviva la polémica en torno a un personaje que da de qué hablar dentro y fuera del campo.

Paco Jémez

Jesús Muñoz, entonces auxiliar técnico del Rayo Vallecano, se esmera en controlar a Francisco Jémez Martín (Las Palmas, España, 18 de abril de 1970), mas el estratega ya es preso de la ira. Su equipo sucumbe ante el Barcelona, en el estadio Camp Nou (2-5)... Y él frente al hostigamiento de tres aficionados ubicados en la primera fila.

Es la noche del 17 de octubre de 2015, fecha en la que el actual entrenador del Cruz Azul mostró que la sangre le hierve en cada partido, y la temperatura aumenta todavía más si se meten con él.

“Payaso” y “atontao” fueron los calificativos hacia el entonces director técnico de los rojiblancos, quien no soportó más y retó a los hombres que le acosaban desde las gradas. No pasó a mayores, salvo por el exabrupto.

Así es el actual timonel de La Máquina: paciente y cordial en el trato, hasta que alguien rebasa sus límites. En lo futbolístico, arrojado.

El episodio con aquellos fanáticos se agregó a las batallas directas que tuvo con futbolistas a los que relevó y le protestaron airadamente.

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