La derrota más dulce de Santos

El club lagunero sufre tras un pésimo primer tiempo; recompone al final
El conjunto de Santos Laguna levantó el trofeo de campeón en la cancha del estadio La Corregidora. (Foto: ETZEL ESPINOSA. IMAGO7)
01/06/2015
03:00
Daniel Blumrosen
Querétaro
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Fue hasta el silbatazo final del árbitro Francisco Chacón, cuando el ritmo cardiaco de Pedro Caixinha se normalizó. Sí, en el clímax de su carrera futbolística en México, el director técnico portugués del Santos Laguna encontró la paz que extravió durante los 90 minutos que le costaron salud y sudor, mucho sudor.

Es por eso que se secó la frente mientras sus auxiliares se fundían con él en el abrazo de la gloria, ese que pareció simple utopía durante los terroríficos primeros 45 minutos sobre el campo del estadio La Corregidora.

El lusitano lo hizo, no sin antes sufrir demasiado. Se tomó el estómago varias veces. No podía ser distinto. Su equipo estuvo plagado de impostores en el tercer cuarto de la serie por el título.

Suficiente para hurtarle el aliento y abrigar la esperanza de un pueblo que se ilusionó con la proeza... Hasta que el reloj salvó al nuevo campeón del futbol mexicano.

Fue la derrota más dulce. El 0-3 que reflejaron las vetustas pizarras electrónicas del inmueble quedará como simple anécdota y el recuerdo de un gran susto, pero la ventaja obtenida en La Comarca Lagunera bastó para lograr el quinto título de Liga en la historia de la institución.

El Querétaro se quedó a dos anotaciones de la hazaña (3-5 global), aunque los últimos minutos fueron mero trámite. En teoría, así debieron ser todos, mas se combinó el hambre de los Gallos Blancos, la pericia de Víctor Manuel Vucetich y la apatía de un grupo de jugadores que caminó al borde de la cornisa.

Instinto masoquista que desconcertó a su iracundo entrenador, quien ya no tuvo voz durante la celebración. La dosis final fue ocupada en el entretiempo, con los regaños que bastaron para dar calma a los hoy monarcas.

No hubo milagro, aunque sí mucho drama, cortesía de Mario Osuna, Yasser Corona y Ángel Sepúlveda, ese chico al que el ´Rey Midas´ prefirió por encima de Ronaldinho.

El astro brasileño jugó la última media hora. Aportó poco y nada. Gris final a una aventura que dejará más en el ámbito anecdótico y comercial que en el deportivo. Aún le resta un año de contrato con los Gallos Blancos, pero todo indica que se marchará. Si es así, será la primera vez que se marche de un club sin dar la vuelta olímpica.

Por eso suspiró mientras los Guerreros levantaron un trofeo ganado en Torreón. Lo de anoche fue demasiado temerario, bochornoso ‘copyright’ de una Liga en la que cualquiera le gana a cualquiera en el momento que sea.

Ambos finalistas invirtieron papeles en relación a lo del jueves. El nerviosismo mostrado por el Querétaro en el episodio inicial fue transmitido a los actuales monarcas durante la primera mitad de la vuelta.

Quedó claro con aquella barrida suicida de Jesús Molina. Es cierto, al igual que Luis Ángel ´Quik´ Mendoza, el férreo contención es bicampeón, pero se arriesgó demasiado. El penalti convertido por Osuna (10´) alimentó sueños, mas aún lucía como utopía.

La racha de imbatibilidad del meta Agustín Marchesín finalizó en 432 minutos. Simple detalle. El primer gol no disminuía la etiqueta de hazaña para los locales.

Tomó tintes más realistas con aquel cabezazo de Corona (20’). Vucetich tenía el partido justo donde lo quería... Y el panorama mejoró con el desborde de Sepúlveda (37’). Entonces sí, La Corregidora se cimbró. Al igual que los laguneros en la ida, sus Gallos Blancos marcaron tres veces en el primer tiempo.

El silbatazo de Chacón fue genuino maná para el visitante. Caixinha tomó camino hacia el vestuario. Algunos de sus jugadores le seguían, pero ese gigante fluorescente hizo que volvieran con un grito.

Preso de la cólera, Marchesín empleó los tres primeros minutos del descanso para reprender a sus compañeros. No daba crédito al cambio entre la ida y la vuelta. Muchos regaños y algunos jaloneos, suficientes para despertar al mejor equipo de la Liguilla.

Estatus que comprobó durante la segunda mitad. Salvo aquel disparo del delantero chileno Patricio Rubio, el guardameta argentino tuvo un segundo tiempo tranquilo, como buena parte de lo sucedido en Torreón.

Y los Guerreros hasta se dieron tiempo de callar a la multitud. Miles de corazones se detuvieron con el zapatazo de Alonso Escoboza que estremeció el travesaño de la portería resguardada por Tiago Volpi, mero espectador hasta entonces.

Los Gallos Blancos coquetearon con la hazaña, pero aprendieron que obsequiar un partido completo en la serie por el título es demasiado. Los actuales monarcas sólo regalaron 45 minutos y, aunque sufrieron, dieron la vuelta olímpica.

Primera vez que se coronan fuera de La Comarca Lagunera. Lo hicieron con demasiado drama, pero recuperaron la lucidez justo a tiempo. Sí, el polémico José Mourinho tenía razón: Caixinha daría grandes éxitos al Santos.

El sufrimiento fue lo de menos. Cruzó el océano Atlántico para hacer historia en México.

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