"Dinho" destruye al América

Águilas sucumbe ante la magia de Ronaldinho y los Gallos; ahora tiene que encarar el Clásico ante Chivas
Ronaldo de Assis Moreira agradeció a la tribuna la ovación que le prodigaron tanto americanistas como albiazules, al convertirse en la figura del encuentro
19/04/2015
05:27
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Por Hector Alfonso Morales

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Mientras Ronaldinho baila en el Azteca, víctima de la euforia por su primer doblete en México, Gustavo Matosas se refugia en su banca, desencajado, con el dolor de la vapuleada del 4-0 a cuestas.

El astro brasileño arranca sonrisas y aplausos de americanistas y queretanos por igual. Celebran fans azulcremas y albiazules el par de goles del ex crack del Barcelona. Sus conquistas le permiten festejar con la alegría de la samba a la que convoca a sus compañeros ante un Coloso de Santa Úrsula extasiado con su presencia.

‘Ronnie’ hace la fiesta ante el desastre azulcrema. Agradece la presencia de quienes pagaron un boleto para verlo. El atacante hace reverencias, se inclina en el máximo templo del fubol mexicano.

Los jugadores americanistas, con los ojos humedecidos, cabizbajos y con el rostro desilusionado, ahora miran al Guadalajara hacia arriba, justo en la semana del Clásico Nacional.

Chivas, líder y los azulcremas en la incertidumbre para el próximo domingo. En medio, el Impact de Montreal en la ida de la final de la Liga de Campeones de Concacaf acecha a los capitalinos. Las Águilas encaran una semana trascendente con la carga de la decepción en los hombros, tras caer goleado 4-0 por ‘Dinho’ y el Querétaro.

América se asfixia en su apatía. Le da lo mismo el partido contra los Gallos. Como dijo Gustavo Matosas, el liderato “no me quita el sueño” y cumplió. Su equipo nunca despertó. Aletargado, en estado de somnolencia, entrega el partido a unos queretanos insurrectos que se resisten a morir en el Clausura 2015.

Las Águilas están tristes. Pudieron arrebatarle la cima a su máximo enemigo deportivo, mas terminaron ridiculizadas por el Querétaro que por primera vez gana en el Estadio Azteca.

Alejados de su estampa histórica tanto en la imagen como en su desempeño. Un uniforme verde limón que se divorcia de los colores azulcrema que le dieron grandeza, mientras en la cancha, la traición a su historia queda manifiesta. Equipo con un funcionamiento gris, apagado, sin imaginación, ni entrega.

Cuando los azulcremas se enfrentan a rivales serios, sufren. Les duele no poder enfrentar al Herediano todas las semanas. Monterrey los maniató, Querétaro les pasa por encima y Víctor Manuel Vucetich se devora a Matosas en el banquillo. América nunca pudo resolver el acertijo del ‘Rey Midas’.

Dos pelotas en el primer tiempo, una parada y otra para ejercer un baile en el área, le fueron suficientes. Un arcoiris de Yasser Corona, de tiro libre, se fue al ángulo de un desconcertante Hugo González (24’).

Cuando la primera mitad agonizaba, Orbelín Pineda, un chico de 19 años, dejó sembrado a Paolo Goltz. El joven de los queretanos evidenció la lentitud y la ausencia de pericia del defensor de las Águilas. Pineda, se regodeó para cruzar su remate y encaminar el partido 2-0 (46’).

En las gradas del Azteca había reproches, expresiones que se multiplicaron cuando salió de cambio Carlos Darwin Quintero, cuyo accionar fue más el de un petardo que el de la gran bomba del mercado invernal en Coapa.

El ataque del América sufre sin Oribe Peralta. Sin la complicidad del ‘Cepillo’ Darío Benedetto no es el mismo hombre que al Herediano le hizo cuatro goles. El ex de Xolos desaparece con marca sólida y su talento se reduce al mínimo. Michael Arroyo fracasa en sus desbordes y Rubens Sambueza está lejos de su mejor partido, además de que suma 30 partidos sin gol.

El finiquito del partido lo puso Ronaldinho con sus dianas al 84’ y en tiempo de compensación. Y eso que apenas el brasileño jugó 10 minutos.

A la distancia, las Chivas sonríen. Ve al América hacia abajo de cara al Clásico Nacional.

Los presentes en el Estadio Azteca lo saben. Rompen en abucheos hacia un América que los defraudó antes del Clásico Nacional, no sin antes, ovacionar y entregarse a plenitud a Ronaldinho, el astro que destruyó al América.

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