Sobre la importancia de tener una colección de indumentaria en México.

El muestrario más grande en el país será subastada en el extranjero, pero conservarla traería beneficios más allá de la simple preservación estética.
Cortesía FashionWeekMx
10/08/2017
17:06
Natalia Silva
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La semana pasada, Rodrigo Flores, el coleccionista de moda más importante en México (e incluso en Latinoamérica), anunció que subastará su colección a finales de este año en Nueva York. Los gastos de conservación y almacenamiento son el principal reto económico a los que se ha enfrentado y que lo han llevado a tomar esa decisión.

Flores empezó a recopilar este tipo de objetos hace 30 años como un pasatiempo, después de haber encontrado un ostentoso sombrero en un mercado y, a partir de ahí, se hizo de ropa y accesorios adquiridos directamente con familias mexicanas que, por generaciones, reguardaron las prendas y las historias detrás de ellas. Algunos otros objetos fueron comprados en anticuarios, en alguno de los viajes del máximo coleccionista mexicano a París, Londres o Nueva York. Hoy, el total de piezas asciende a 2 mil. 

El muestrario comprende objetos que van desde el siglo XIII al XX, y entre ellas destacan algunas de diseñadores como Cristóbal Balenciaga, Christian Dior, Oscar de la Renta, Nina Ricci y Charles Frederick Worth, máximo exponente de la moda en el siglo XIX.

Algunas piezas de la colección Flores estuvieron, tan sólo el año pasado, en exposiciones como Cristóbal Balenciaga, en el Museo de Arte Moderno y El arte de la indumentaria y la moda en México, que tuvo lugar en el Palacio de Iturbide. A pesar de que muchos han albergado de manera itinerante elementos de esta colección, ningún museo en México está interesado en adquirirlos al no tener un presupuesto destinado a la preservación de este tipo de objetos. La respuesta de empresarios e instituciones privadas a los que se les hizo la propuesta fue la misma negativa.
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EFE
Capital de la moda
La Ciudad de México esta por convertirse el próximo año en la Capital Mundial del Diseño, y al menos en moda, aspira a ser una de las capitales a nivel global. Podemos señalar muchas iniciativas que existen hoy para impulsar la moda y que han hecho un gran papel colocando a la industria mexicana, al menos, en la mira del mundo de la moda.

De todos ellos, el principal es Fashion Week México, que ha alcanzado la solidez que buscaba desde hace décadas y que hoy atrae la mirada de medios y mercados extranjeros. Otro acierto es la creación del festival de cortometrajes Mexico Fashion Film Festival, que se une a la tendencia global de comunicar la moda en ese formato.

En términos de preservación y estudio de historia de la moda mexicana —dejando de lado el enfoque etnográfico— son muy pocas las iniciativas. Una de ellas fue la creación de la exposición permanente Las apariencias engañan en el Museo Frida Kahlo, en 2012. En un esfuerzo conjunto, Vogue México y la dirección del museo, montaron en exhibición el guardarropa de uno de los iconos más importantes de nuestro país, que había permanecido guardado por cinco décadas.

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EFE

Pero fue hasta principios de este año que la memoria de la moda en México fue volteada a ver por muchos, gracias a la publicación del libro Mextilo, del académico Gustavo Prado, quien hizo una muy valiosa compilación de todas aquellas publicaciones —especializadas en moda o no— que pudieran dar recuento de la evolución de la indumentaria en nuestro país.

Habría que pensar, entonces, qué es lo que falta. ¿Más allá de ser fuente de material para streetstyle o importantes centros de compras, qué es lo que hace a una capital de la moda? Vale la pena observar que por lo menos todas ellas reconocen el valor intrínseco de la historia de la indumentaria —nacional o internacional— en un museo. 

En Nueva York, por ejemplo, el Metropolitan Museum of Art, es el museo de arte más grande en Estados Unidos y uno de los más visitados en el mundo. A través del recientemente rebautizado Anna Wintour Costume Center, exhibe y conserva alrededor de 35 mil piezas y accesorios, provenientes de los cinco continentes. 

Además, el “Met” como se le conoce coloquialmente, realiza anualmente una gala que inaugura la exposición que albergará el recinto a lo largo del año. Para este evento se reúnen los nombres más prominentes de la moda, iniciando con una alfombra roja que se ha convertido en referente de creatividad, fantasía e innovación.

En Londres, por otro lado, el Victoria & Albert Museum, ha sido anfitrión de exposiciones como la retrospectiva del diseñador Alexander McQueen (talento local), la cual se convirtió —con casi medio millón de entradas — en la más visitada en la historia del recinto.

La ciudad de la moda por antonomasia, París, puede señalar varias instituciones que conservan este tipo de piezas. Entre ellas destaca Les Arts Decoratifs, en el ala oeste del Louvre, con poco más de 150 mil prendas y accesorios que datan desde el siglo III hasta nuestros tiempos; y en cuya colección figuran nombres de diseñadores que también perfilan en la colección Flores.

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Un ejemplo digno de mencionar es el ModeMuseum (MoMu), en Amberes, ya que se fundó con el objetivo de mostrar las piezas que hicieron exitoso al renombrado grupo de diseñadores belgas Antwerp Six (los seis de Amberes), unas décadas antes. Es decir, no necesitó de una colección centenaria para empezar, simplemente se valió del talento nacional contemporáneo.

El futuro ya está aquí
Mientras que en México aún no damos un paso asertivo a favor de la conservación de la indumentaria y nos seguimos cuestionando su importancia, Google, el gigante de la tecnología e innovación, está apostando por ella. 

Las largas filas que generan las exhibiciones de indumentaria en muchos museos alrededor del mundo, sumadas al voluminoso registro que tienen de búsquedas en línea relacionadas con moda, impulsaron a Google a digitalizar las colecciones de 180 museos e instituciones privadas alrededor del mundo, a través del proyecto We Wear Culture.
 

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A poco más de un mes de su presentación, hoy es posible visualizar más de 30 mil artículos de ropa y accesorios, divididos en 450 exhibiciones, y obtener vistas de 360º en alta resolución de salas de museos, muchas de ellas sin acceso a los visitantes. Desde luego, la colección privada de Rodrigo Flores no es parte de este acervo digital, pero algunos museos mexicanos que participan con piezas de indumentaria en We Wear Culture son las colecciones del Museo de Arte Popular, Museo del Objeto y Museo Frida Kahlo. 

Sin embargo, el beneficio de esta herramienta va más allá de la preservación y contemplación estética. El siguiente paso para Google es el desarrollo de una herramienta que haga conexiones visuales entre las imágenes que hoy están en su base de datos. Esto es relevante porque las repeticiones visuales son el elemento clave en la moda, son tendencias. Es decir, tan sólo con una herramienta de extensión “.com” podríamos relacionar dichos indicadores de tendencias con el clima político o con regiones geográficas, no sólo en el pasado, sino poder predecir disparadores actuales para que regresen ciertos cortes, siluetas o prendas, un servicio que hoy sólo se obtiene a través de costosas membresías en agencias de tendencias.

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Cortesía

Los ventajas de que instituciones museísticas volteen a ver a este tipo de colecciones no sólo resultarían beneficiosas para el mundo de la moda. Recordemos que hoy la Ciudad de México cuenta con el título de la metrópoli con más museos alrededor del mundo, y representa el octavo destino preferido por los turistas, por lo que la afluencia que atraen este tipo de muestras podría impulsar este sector.

Algunos de los museos más visitados en la ciudad, de acuerdo con publicaciones de arte y guías turísticas, son el Museo de Antropología e Historia, el Museo Nacional de Historia (en el Castillo Chapultepec), y el Museo Franz Mayer. Todas ellas colecciones que incluyen en sus muestras permanentes piezas de indumentaria y/u objetos que dan un recuento de la historia mexicana, y que hablan de la curiosidad por acercarse a la historia a través de estos artículos.

México está de moda
Hoy, el clima político y económico en el mundo, ha devuelto la mirada de muchos compradores al mercado nacional y ha creado un sentido de nacionalismo en la moda que —si bien abarca muchos otros rubros— se resume en cuatro palabras: “Mexico is the shit”.
 

Se prevé que la industria crezca un 10% este año, sobre todo por el consumo local. Pero el esfuerzo de cada eslabón en la cadena de producción sólo se solidificará impulsando el entendimiento de nuestro imaginario colectivo como una conexión tangible con el pasado. El vestido histórico no sólo es testigo de coyunturas sociales y políticas, también es portador de materiales y técnicas que probablemente hoy ya no existen. 

México no sólo debería quedarse la colección de Ricardo Flores, sino que debería disponer de un espacio que reúna y coleccione piezas de indumentaria, mobiliario, arquitectura, gráficos, entre otros rubros, si es que apunta a ser una capital del diseño. Aunque en muchas de estas áreas seguimos definiendo la estética mexicana contemporánea, podemos empezar por hacer del pasado un motor y no un lastre. 

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