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Un Huapango contra Trump

Un festival en la Sierra Gorda da vida a un enfrentamiento nutrido por versos que descalifican al presidente de Estados Unidos
En el poblado realizan cada año el encuentro musical Festival de Huapango Arribeño y de la Cultura de la Sierra Gorda, que une a los viejos maestros del huapango con las nuevas generaciones. (JANET MÉRIDA. EL UNIVERSAL)
15/04/2017
00:21
Janet Mérida
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“¡DONALD TRUMP ES PRESIDENTE!”/ and Wall Street se ilumina/ Casius Clay llora en su esquina,/ Rico Mac Pato sonriente,/ ¿Marilyn Monroe?, indiferente,/ en el set filma Bruce Lee,/ Charly Parker: Do, Sol, Mi…/ ¿esperpento Trump? ¿dilema?/ para Bob Dylan no es tema/ pero para el mundo sí…”

Son versos de Guillermo Velázquez, el huapanguero más popular de la Sierra Gorda, territorio donde convergen Querétaro, San Luis Potosí y Guanajuato y región de la que se van más paisanos en busca del sueño americano.

Desde que Donald Trump es presidente de Estados Unidos, su idea del muro y la deportación amenanzan el sueño de muchos jóvenes de estas comunidades que al cumplir 15 años o terminar la secundaria tienen como primera opción irse al otro lado de la frontera, pero sin papeles.

Aunque los jóvenes dejan su tierra y familia, hay algo que mantiene unido al pueblo de Xichú, uno de los 46 municipios de Guanajuato con casi 12 mil pobladores: el huapango arribeño.

Cada año, en este pequeño poblado se realiza uno de los encuentros musicales más importantes de México: el Festival de Huapango Arribeño y de la Cultura de la Sierra Gorda. Los tres últimos días del año el pueblo se reúne para honrar a los viejos maestros del huapango con música, baile y actividades culturales que terminan con una topada que dura toda la noche del 31 de diciembre y culmina el 1 de enero.

Quien viera por primera vez la escena —la plaza central llena de gente con sombrero, zapateando a las seis de la mañana— pensaría que una fiesta acaba de empezar, pero no, llevan seis de las 10 horas que dura en promedio la topada, es decir, el enfrentamiento poético y musical entre dos trovadores armados con su guitarra quinta huapanguera y acompañados por dos violinistas y un vihuelero cada uno.

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Colocados en cada extremo de la plaza de Xichú, sobre dos estructuras de madera (tarangos), los contendientes versan toda la noche. Lo hacen en una estrofa conocida como décima espinela, una herencia del Siglo de Oro Español que ha enraizado en distintas tradiciones musicales de Iberoamérica, en poetas líricos que, según el país donde se encuentren, son llamados de distintas formas: payadores, cantores de mejorana, poetas, galeronistas, versadores, trovadores y repentistas.

La topada inicia con una poesía de presentación, le sigue el fundamento o motivo de la fiesta (que puede ser una boda, la celebración de algún santo, fiestas patrias o un funeral) y finalmente la bravata, donde se desafía con ingenio y picardía a su oponente, todo recurriendo a la memoria (con poesías aprendidas) y a la improvisación de versos en medio de sones y jarabes que inundan de poesía el pueblo completo que está de fiesta.


Este año el enfrentamiento fue entre dos distintas generaciones. Por un lado, Tali Díaz, trovador de 28 años que ha acogido la tradición y, por otro, Tobías Hernández, con un largo camino en el huapango arribeño. A la medianoche cada uno llegó, presentó a sus músicos y comenzó la topada.

Versaron sobre su infancia, sobre la Sierra Gorda y sobre su oponente. El pueblo, atento, volteaba a cada extremo de la plaza adornada mientras cada uno lanzaba sus versos, para continuar con el baile en cuanto desgranaban jarabes y sones. Ante el regreso de tantos migrantes, Tobías cantó:

“Paisano, ya estás aquí/ de vuelta en tu territorio, / y es justo y es meritorio/ que hagamos fiesta por ti. / Que un tiempo te fuiste, sí,/ pero has vuelto decidido/ a todo lo más querido/ de tu tierra y de tu raza/y al cariño de tu casa…”

A lo largo de la noche el cansancio se hizo evidente; unos cuantos desertaron de la plaza para dormir un par de horas. Aun así, el lugar se mantuvo lleno hasta el final de adultos, niños, parejas jóvenes y ancianos, no sólo de Xichú sino de los pueblos vecinos y los paisanos recién llegados de EU.

Varios regresaron a Xichú esa misma tarde en camionetas empolvadas con placas de Los Ángeles o Texas y sin importar el cansancio abrazaron a su familia, se vistieron para la ocasión y se fueron a bailar.

La agilidad de Tali para versar lo colocó como el favorito del pueblo.

“Por ahí dicen que es muy bueno el contrincante/ que sí sabe improvisar con argumento/ y aunque tenga tal vez facha de jumento/ es astuto muy letrado y elegante/ se ve luego que es un poeta muy pen...sante/ y que sabe, que es picudo y estudiado/ que no trae ahí a Javier pa’ estar trabado/ consultando las poesías que va a cantarme/ y que ahí mismo va a dar clase y a enseñarme”.

Tobías trató de defenderse, pero pasadas las 10 de la mañana el pueblo había elegido a su favorito. Los trovadores finalizaron la topada no sin antes agradecer al otro. Antes de concluir el festival, los organizadores subieron a la tarima con los artistas invitados a cantar en los días previos y agradecieron el esfuerzo de la comunidad por mantener vivo el festival más de tres décadas.

Los raperos Danger y Aczino se unieron al festival este año. En el escenario estuvieron acompañados de Guillermo Velázquez, Vincent Velázquez y Frino para unas últimas improvisaciones. Todos traían hojas de colores con versos sobre migración y otros temas que lanzaron a los asistentes: “Porque la poesía es el pan bueno que los poetas queremos compartir con ustedes”, dijo Guillermo.

“A las 10 de la mañana con 20 minutos del 1 de enero de 2017 declaro en nombre del Comité comunitario finalizado esto que ha sido un rito y una presencia de los dioses del gozo y la alegría ¡Que viva Xichú, que viva la tradición, que vivan nuestros muertos de la tradición y de la Sierra, que viva la Sierra Gorda, que viva este México herido! ¡Viva!”, dijo Eliazar Velázquez.

Un último son los abrazó a todos.

El festival nació hace 34 años por iniciativa de los versadores Guillermo Velázquez, Isabel Flores y Los Leones de la Sierra de Xichú, así como de un grupo de xichulenses como Rubén Mendieta, Eliazar Velázquez y Genaro Rivera, dijo a EL UNIVERSAL el versador Vincent Velázquez, sociólogo e integrante de Los Leones de la Sierra de Xichú y del comité organizador.

“Sintieron la necesidad de rendirles un tributo a esos personajes que después de haber alegrado a la gente durante tanto tiempo quedaban en el olvido. Se da también con un ímpetu nuevo en la tradición que tiene que ver con la irrupción de huapangueros como Guillermo Velázquez, que renuevan la tradición del huapango arribeño con sus contenidos líricos”, platicó.

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Tema recurrente. Hoy la migración se ha vuelto uno de los temas recurrentes en el huapango arribeño, no hay topada en la que no se hable de las situaciones de los paisanos en EU y son ellos quienes en gran parte contribuyen a la realización del encuentro pues antes de la topada de diciembre se realizan dos topadas más para recaudar fondos, una en el estado de México y otra en California, donde vive una gran comunidad de xichulenses.

“Yo no cambio mi tortilla/ Por hamburguesa y Kentucky/ Ni prefiero a rambo y rocky/ Que a Zapata y Pancho Villa,/ Soy trigo, frijol, semilla/ Árbol que al suelo se aferra.../ Y en mi cotidiana guerra/ Ni ilegal ni americano/ Yo sigo siendo serrano/ Aunque lejos de mi tierra”, recuerda Vincent en la entrevista; son versos que lanzó en California para sus paisanos.

Las redes sociales han funcionado en la difusión del festival. En el Facebook Xichulense USA, los habitantes comparten los videos de la topada para que quienes no pueden asistir. El carácter autogestivo que ha mantenido el festival ha provocado también enfrentamientos con partidos políticos e incluso con el párroco de la iglesia.

“No les gusta que un grupo de ciudadanos, de músicos, de campesinos, de migrantes y amas de casa tomemos la plaza para propiciar todo aquello que durante el año ellos impiden y que tiene que ver con la convivencia, con el respeto, con el amor, con el sentido de pertenencia, con la tradición misma. Claro que hemos tenido enfrentamientos con grupos de interés”, dijo Vincent.

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Suman a grupos alternativos. Hace 16 años comenzaron a sumar a grupos alternativos a la fiesta, como Los de abajo, Antidoping, Rastrillos y La Mula de sietes, además de Gorrión Serrano y Las Palomitas Serranas.

“Alguien muy purista podría decir que cómo en un festival de huapango están tocando esa música pero nosotros como comité creemos que el huapango y la tradición se fortalecen y crecen a medida que se establece comunicación y se interactúa con otros géneros. Es mágico ver cómo un día jóvenes bailan slam en una rueda y al otro día zapatean sones y jarabes”.

“Antes eso parecía inconcebible pero creo que son las cosas que le hacen falta al mundo, tiene que ver con la diversidad, con deshacerse de prejuicios que nublan el corazón, la razón. Por eso es importante acercar al festival propuestas que tengan contenido. Ahora tuvimos rap y fue un estallido de energía, de palabra viva que cimbró a todos”.

Cada cinco años realizan una fiesta aún más grande a la que invitan a versadores de otros países. Para 2018 buscarán traer a grandes que ya han estado antes: Alexis Díaz-Pimienta, de Cuba; Yeray Rodríguez, de Islas Canarias; y Marta Dueñas, de Argentina.

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