Palmira vuelve a respirar tras su segunda liberación del EI

La ciudad monumental, tesoro del antiguo desierto sirio, ya está limpia de explosivos y minas
FOTO: Ammar Safarjalani/Xinhua.
07/03/2017
10:19
EFE
Palmira, Siria
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El escenario del teatro romano y el tetrapilón de la ciudad monumental de Palmira han pagado el precio de la segunda invasión de los terroristas del grupo Estado Islámico (EI), que dejaron su marca de odio en las milenarias ruinas grecorromanas en Siria antes de abandonarlas el pasado 2 de marzo.

Cinco días después de su liberación, los caminos que llevan hasta los principales monumentos ya están limpios de minas y explosivos y algunos militares rusos se acercan a hacerse fotos de recuerdo.

Posan en la escena del teatro romano, cuya parte central fue volada por los radicales y cuyas piedras continúan desperdigadas.

En este semidestruido escenario, las autoridades rusas organizaron un concierto en mayo de 2016 para celebrar a los cuatro vientos la primera liberación de la ciudad, que durante el siglo III fue gobernada por la mítica reina Zenobia, quien pagó cara su osadía de revelarse contra Roma.

Pero solo siete meses después del sonado evento, en diciembre de ese mismo año, y mientras el Ejército sirio y sus aliados rusos se concentraban en una ofensiva contra la oposición armada en la ciudad septentrional de Alepo, los yihadistas sorprendieron al volver a ocupar estas ruinas, consideradas por la Unesco patrimonio de la Humanidad.

Hay que moverse con cuidado, sin salirse del camino que indican los militares que guardan ahora los accesos de la que fuera parada ineludible de las caravanas de la ruta de la seda.

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Junto al pequeño templo de las artes, las columnas del tetrapilón, una antigua doble puerta monumental de la que se conservaban los cuatro podios con sus cuatro columnas cada uno, también han sido voladas por los aires.

Ha sido la venganza de los yihadistas, que no obstante perpetraron los mayores destrozos en su primera ocupación de la zona, cuando dañaron el emblemático arco del triunfo, uno de los símbolos de Siria y que daba acceso a los comerciantes a la imponente avenida principal de la urbe, de 1,3 kilómetros y 750 columnas alineadas a ambos lados.

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Las pesadas piedras de los arcos, se amontonan ahora desperdigadas, bloqueando el acceso a la vía principal.

El templo de Bel y el de Bal Shamin, así como las tumbas en forma de torre, que se levantan a las afueras de las ruinas, también sufrieron el odio de los yihadistas durante la primera ocupación.

A pesar de los nuevos destrozos, visibles también en la ciudadela medieval, desde donde se divisa una panorámica de la ciudad y cuyo acceso se encuentra bloqueado por un trozo de muro desprendido, las autoridades arqueológicas respiran aliviadas porque se temían algo mucho peor.

Sin embargo, no creen que sea tiempo de lanzar las campanas al vuelo, por temor a que los extremistas puedan regresar.

Una opinión que no comparten los militares, como el coronel Samir Ibrahim, quien asegura en las ruinas que "esta vez el Dáesh (acrónimo en árabe del EI) ha sido derrotado para siempre".

El Ejército sirio todavía lo acosa a unos 15 kilómetros de la ciudad, en la aldea de Emara, donde caen los proyectiles que lanza la artillería desde las inmediaciones de Palmira y que hacen que el pecho retumbe con cada disparo.

En la ofensiva para liberar Palmira, además del Ejército sirio y la aviación y las fuerzas especiales rusas, también participaron las milicias del grupo chií libanés Hizbulá, uno de cuyos puestos se levanta a pocos metros de la carretera que una la ciudad central de Homs con el oasis de Palmira.

"Prohibido entrar si no es con orden del Estado Islámico", se puede leer todavía junto a un acceso al imponente templo de Bel, cuyos muros externos casi se mantienen intactos, pero que en su interior muestra una desoladora imagen de escombros amontonados.

Desde el Departamento de Antigüedades sirio confían en que una vez que se termine el conflicto, en cinco años se podrá volver a colocar piedra sobre piedra y las ruinas recuperarán el aspecto que tenían antes de la destrucción y el saqueo.

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De todos modos, advierten de que los bloques de algunos templos han sufrido demasiados daños y de que otros edificios no podrán recuperar más allá del 60 o del 70 por ciento de la forma que tenían antes del 20 de mayo de 2015, cuando los yihadistas ocuparon la ciudad por vez primera. 

 

sc

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