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Reviven los campos de batalla en Waterloo

Miles de voluntarios participan en escenificación
En la representación participaron actores de varios países, 18% alemanes, 17.8% británicos, 6.9% belgas, 4.5% holandeses y sólo 9% franceses. FOTO: Geert Vanden Wijngaert. AP
20/06/2015
00:05
Abida Ventura
Waterloo
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En una tienda de conveniencia, una joven rubia de mediana estatura y con ropa deportiva luce abrumada en medio de una larga fila de soldados ingleses que con todo y fusil han hecho una parada camino al campo de batalla para abastecerse de alimentos, cigarros, cervezas, agua y algo de chocolate.  El camino hacia el campamento de los casacas rojas no es largo pero sí abrumador bajo el sol que ilumina las casi dos mil 500 hectáreas que cubre el sitio de Waterloo, el escenario de la batalla que  marcó  la caída de Napoleón hace dos siglos, y que desde el miércoles es el centro de las conmemoraciones por los 200 años de ese evento histórico.  

A unos metros, los combatientes franceses descargan de una camioneta varias bolsas de pan, cajas de vino y cervezas. En el campamento, algunas  mujeres comienzan a servir la comida, un poco de papas, col y algo de carne cocida en la fogata que han improvisado.  En otra mesa, una familia alza las copas, lanzan un viva al emperador y se disponen a comer una ensalada de jitomates con berenjenas y aceite de oliva.  Atrás, junto a su casa de campaña,  un joven dibuja la anterior escena en un cuaderno que define como su “diario de guerra”. 

Así transcurre la vida en los campamentos que reviven aquel enfrentamiento que inició la mañana  18 de junio de 1815 y que terminaría días después con el triunfo de las tropas comandadas por el  duque de Wellington. 

Las recreaciones históricas para conmemorar el bicentenario de esa operación bélica comenzaron el miércoles por la noche, con un espectáculo pirotécnico que dejó en este  campo de batalla a un primer herido: uno de los participantes sufrió quemaduras en la cara, por lo que fue trasladado al hospital más cercano para ser atendido. 

Este hombre forma parte de los más de 5 mil 200 voluntarios vestidos con uniformes militares de la época, quienes acompañados por mujeres y niños han llegado desde 50 países diferentes para participar en esta magna recreación que culmina mañana.  “Estamos aquí para revivir la historia”, “Es una de las batallas más gloriosas de la historia y quiero ser parte de ella”, “venimos para apoyar a los hombres que irán a batalla”, comentan algunos de los participantes que desde el miércoles duermen en pequeños refugios de manta blanca hechos con piso de paja para disminuir el frío nocturno. Un poco de cerveza también ayuda, dicen. 

De entre los sembradíos de papa  y otros cultivos que crecen en estos terrenos —a unos 30 minutos de Bruselas—, destaca el cuartel de los aliados, comandados por Wellington. La bandera inglesa, belga, holandesa, alemana y suiza hondean juntas en el centro de este campamento que se extiende hasta perderse entre los árboles. La magnitud de las tropas aliadas y su orgullo patriótico también se  puede ver con el número de participantes provenientes de estos países: del total de los 5 mil actores, 18% son alemanes, 17.8% británicos, 6.9%  belgas y  4.5% holandeses, mientras que la representación francesa corresponde a sólo  9%. 

“Es normal que en Inglaterra se celebre esta efeméride con bombo y platillo, pues desde el principio esta batalla alcanzó cotas de propaganda desconocidas, hasta el punto de que, sin haberse producido el enfrentamiento en el lugar de Waterloo, sino en Belle Alliance, se adoptó el nombre de Waterloo porque sonaba mejor a la fonética inglesa”,  comenta a este diario Manuel Moreno Alonso, catedrático de Historia Contemporánea  de la Universidad de Sevilla.

El mismísimo Napoleón Bonaparte. En la batalla de hace 200 años Wellington salió victorioso de ese sitio,  pero en los campamentos de hoy, el vivac de Napoleón es el que más atrae la atención de los periodistas y miles de visitantes que acuden hasta el lugar para ver con sus propios ojos al emperador. Portando el tradicional traje de aquel personaje histórico,  con botas largas y sombrero de dos picos,  Frank Samson, un abogado francés de 48 años apasionado por la historia militar, parece ser el mismito  Napoleón Bonaparte. Mide 1.72, apenas dos centímetros más que el militar y gobernante francés, también tiene los ojos grises y trata de imitar todos sus gestos.  Por su gran parecido físico y la manera de interpretarlo, él ha sido el personaje que ha hecho este papel en los últimos 10 años en todo tipo de reconstrucciones históricas y aniversarios en torno al Imperio napoleónico.  

Montando a caballo,  custodiado por una escolta imperial, dando órdenes a sus súbditos o posando para las cámaras en la tienda que ha equipado con una cama, diversos objetos y materiales de la época, Napoleón luce invencible, preparado para luchar contra las tropas comandadas por el duque Wellington y el mariscal prusiano Blücher. Sin embargo, apenas unas horas antes de que lanzara su primer ataque, el emperador tuvo que enfrentar una pequeña “batalla” con las fuerzas del orden público belga, ya que  intentaron llevarse su coche al corralón por estar mal estacionado. Según la prensa local, después de discutir con la policía, Napoleón logró evitar que su vehículo fuera llevado por una grúa.  

Lidiar con cosas terrenales, posar para las cámaras,  sonreír y saludar al ejército de  turistas que lo visitan, Samson ha librado su propia batalla en los primeros dos días de esta magna conmemoración, y ayer, ante la mirada de miles de espectadores, protagonizó la primera recreación titulada “El ataque francés”, que hace referencia al asalto ejecutado por las tropas napoleónicas.

Las columnas de soldados ingleses con casacas rojas y las de los franceses, así como los cañones y la caballería montada comenzaron a colocarse en el campo de batalla desde las seis de la tarde. En ese valle que se extiende por kilómetros, los actores se veían desde las tribunas del público como pequeños soldaditos de plomo. 

Y de pronto, los cañones retumbaron e hicieron temblar nuevamente ese suelo donde en 1815 murieron 10 mil soldados y quedaron 35 mil heridos. Hoy, las tropas francesas  esperan el contraataque de los aliados, el enfrentamiento que pone punto final a esta historia. 

Waterloo fue una ataque “decisivo” que terminó para siempre con la amenaza napoleónica, recuerda Moreno Alonso.  El historiador español, también biógrafo de Napoleón, señala que a pesar de que Waterloo no fue el mejor escenario para el emperador, su papel en este combate fue “de una brillantez extraordinaria”.  “En muy pocas jornadas pudo llevar a sus tropas hasta la frontera belga, consiguiendo ilusionar a sus compatriotas. Su carisma y el entusiasmo que despertó en los veteranos que habían luchado a sus órdenes le permitieron tener dispuesto, en un tiempo muy corto, un ejército numeroso... Su estrategia se basó, y lo consiguió, en separar a los aliados”, relata. 

Pero su mayor error, dice, fue dejar pasar 24 horas antes de cargar contra Wellington. Así selló su derrota. En mayo de 1821, el emperador murió prisionero de los ingleses en la Isla de Santa Helena. 

La de Samson también será su última batalla. En declaraciones a la prensa, el abogado  francés ha dicho que después de esta conmemoración abandonará el papel de Napoleón para cederles el lugar a otros actores y para dedicarse a su emperatriz.

 

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