Revive una rara ópera de Dvorak "pertinente" por su actualidad

"Dimitrij" ofrece al público estadounidense un paralelismo con la administración de Donald Trump
Foto: AFP
27/07/2017
12:12
AFP
Nueva York
-A +A

Sucedió en una época de caos e intrigas en Rusia, cargada de preguntas sobre la legitimidad política. Así transcurre la rara ópera de Dvorak, revivida con una mirada que resalta su fuerte actualidad.

Dimitrij se convirtió en un éxito de Antonín Dvorak tras su presentación en Praga en 1882, pero más de un siglo después la obra se ha presentado pocas veces fuera de su natal República Checa.

La ópera completa será escenificada el viernes por primera vez en Estados Unidos, al norte de la ciudad de Nueva York, en el Bard College, cuyo presidente Leon Botstein es un prominente académico y director de obras poco conocidas.

Dimitrij sucede en la Época de la Inestabilidad, un periodo de guerra y hambruna a principio del siglo XVII en el que Rusia se desangró en medio de un vacío de poder anárquico de los Romanov, que se convertirían en la última monarquía de ese país.

Como una secuela de la ópera Boris Godunov de Modest Músorgski, Dimitrij abre con un personaje que marcha con su ejército polaco en Moscú, iniciando una batalla por el control de Rusia, mientras enfrenta cuestionamientos por su procedencia y reclamos para gobernar.

Con una historia centrada en intrigas y dudas sobre la legitimidad política en Rusia, Dimitrij ofrece al público estadounidense de 2017 un paralelismo desconcertante con la administración del presidente Donald Trump, que es sacudida por incesantes acusaciones de vínculos con Moscú durante las elecciones el año pasado.

El argumento de la ópera es también sobre Rusia propiamente. El Bard College produjo parcialmente partes de la obra a finales de la década de 1980 y a principios de la de 1990, con otra mirada de la Época de la Inestabilidad, cuando se vivía el momento entre la caída de la Unión Soviética y la llegada al poder del presidente Vladimir Putin.

Botstein se sintió atraído por los temas de Dimitrij, pero también intrigado por su música: armonías finamente desarrolladas, características de Dvorak, pero con una fuerte influencia de la ópera italiana.

"Todo esto es una pieza impresionante, cautivante, e incluso se podría decir que pertinente. Y ¿qué diablos está haciendo esto en la oscuridad?", dijo Botstein a la AFP.

El musicólogo, de 70 años, quien ha sido director de Bard College desde 1975, una universidad construida en un centro público para intelectuales en el río Hudson, ha volcado sus energías en revivir óperas olvidadas.

Dimitrij es parte del Bard SummerScape, una temporada musical que este año destacará al polaco Frederic Chopin.

Botstein, quien también dirige la American Symphony Orchestra en Nueva York que tocará la obra de Dimitrij, es franco en sus críticas a las compañías de ópera, especialmente en Estados Unidos.

Dice que están muy apegadas a trabajos muy trillados y se dejan llevar demasiado por la búsqueda de cantantes de renombre.

"Solo piensan es una nueva estrella, el Enrico Caruso de nuestra época", dice refiriéndose al célebre tenor italiano del siglo pasado. "Lo cual es por supuesto ridículo porque desde hace mucho no hay en la ópera la cultura que catapultó a Enrico Caruso a la fama", dice mientras señala a Plácido Domingo como una notable excepción.

Solo una obra de Dvorak ha sido presentada habitualmente, Rusalka, el cuento de hadas con su popular Canción a la Luna.

El público moderno frecuentemente escucha "New World Symphony" de Dvorak, su reconocimiento a los sonidos de Estados Unidos, y su triste "Stabat Mater", una pieza compuesta después de la muerte de su hija.

Aunque apoya los trabajos nuevos, Botstein se confiesa perplejo por cuántas piezas poco conocidas de antiguos compositores quedan fuera del repertorio.

"¿Es la única razón por la que nos preocupamos por Leonardo (da Vinci) debido a la Mona Lisa? ¡No! La pintura no sufre de esto, la literatura no sufre de esto, pero la música sí. Es un tipo de síndrome de pieza maestra", dice. 

La música se ha convertido en "una especie de deporte olímpico" donde "solo podemos recordar los medallistas de oro, y los medallistas de oro solo recuerdan una victoria".

"Es ridículo y extremadamente descorazonador", dice Botstein. "Es una tragedia cultural".

nrv

Mantente al día con el boletín de El Universal

 

COMENTARIOS