La irreverencia de Ara Malikian en el Cervantino

Malikian no es sólo un violinista que ha conseguido reinterpretar famosas piezas para darles su particular estilo, es también un showman que disfruta de su encuentro con el público
La irreverencia de Ara Malikian en el Cervantino
Foto: Germán García/ EL UNIVERSAL
09/10/2016
06:23
Alida Piñón
Guanajuato
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El violinista libanés Ara Malikian, afincado en España desde hace 15 años, ha dicho en repetidas ocasiones que poco a nada le importa lo que digan los puristas de su música, lo que opine la crítica de su técnica o los prejuicios del mundo de la música clásica sobre su estilo, porque lo único que le importa es que su público pueda vibrar junto con él, en una noche de concierto. 

Y en la ciudad de Guanajuato, así fue. La noche de este sábado dentro del Festival Internacional Cervantino, el público de la Alhóndiga de Granaditas se entregó a la irreverencia del violinista que ha ganado un sin número de reconocimientos y que cuenta en su biografía una significativa numeralia, como ofrecer más de 450 conciertos al año en más de 40 países. 

El intérprete, compositor, presentador de televisión, divulgador de la música clásica entre los niños, ofreció un concierto con obras de compositores como Bach, De Falla y Vivaldi, así como de grupos de rock como Radiohead y Led Zeppelin, así como David Bowie y Joaquín Cortés. 

Malikian no es sólo un violinista que ha conseguido reinterpretar famosas piezas para darles su particular estilo, es también un showman que disfruta de su encuentro con el público porque no sólo toca su instrumento, también comparte las más diversas historias que van de cómo llegó a Alemania y se dedicó a tocar en bodas de judíos después de haber sido confundido por uno o su descubrimiento del jamón español o de cómo en su adolescencia soñaba con ser como John Travolta.

Además, Malikian, fuera y dentro del escenario, es un crítico de los protocolos del mundo de la música clásica y de la solemnidad con la que difunden la obra de los clásicos. 

Su melena alborotada la sacude con la misma intensidad lo mismo en "La vida breve" de De Falla que en "Life On Mars?" de David Bowie. Brinca, se tira al piso, cierra los ojos, agita sus brazos y piernas, cada pieza la toca con una intensidad que pareciera que será la última vez. La gente no es indiferente a su entrega, por eso es capaz de pasar de largo su poca precisión y enaltecer su enjundia.

El violionista que ha reclamado ser un desterrado de los clásicos, pero se los apropió para darles  su personal estilo. 

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