Cuernavaca se rinde a los pies de Javier Camarena

El tenor mexicano hizo gala de su portentosa voz y de su hilarante humor
"Ya estamos aquí", fue la bienvenida del intérprete.
Durante más de 90 minutos, el público que colmó el recinto fue subyugado por la portentosa voz del cantor veracruzano. FOTO: Archivo.
21/05/2015
15:29
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Las páginas más hermosas del cancionero popular que ha dado este país fueron interpretadas la víspera por el tenor mexicano Javier Camarena, a lo largo de un concierto en el Teatro Ocampo de esta ciudad.

Durante más de 90 minutos, el público que colmó el recinto fue subyugado por la portentosa voz del cantor veracruzano.

"Ya estamos aquí", fue la bienvenida del intérprete. "Lo que está bueno, es la calor", dijo luego. Y la música se hizo.

El maestro pianista y director artístico del recital irrepetible, Angel Rodríguez, acompañó al cantante para tributar a los asistentes un popurrí con los temas más celebrados del poeta Agustín Lara: "Oración caribe", "Mujer" y "Veracruz".

Lara cedió el paso a Luis Alcaraz, de quien Camarena interpretó "Bonita", que pronto se anidó en el corazón del público, especialmente del femenino.

En la butaquería, las damas, elegantes y ataviadas con sus mejores galas y accesorios; los caballeros, bien formales y muy serios. Agitando sus solapas, Camarena se airó el tórax. El termómetro iba al alza.

"Qué bonita es la primavera, qué bonito es vivir en una eterna primavera... qué bonita es Cuernavaca", expresó el tenor internacional y con ello se granjeó una prolongada ovación que agradeció con una discreta reverencia.

La velada transcurrió entre jocosas palabras del artista, canciones de amor y desamor, y consecutivos aplausos del público frenético.

Antes, Camarena elevó la voz con temas del bel canto, entre ellos, "Vaga luna", "Per pieta bell'dol mio" y la infaltable "La donna e Mobile".

Desde ahí, la chispa hilarante y natural de todo veracruzano bien nacido había brotado en el tenor, quien a cada instante ya sea con la mirada, con un mohín o con palabras, arrebató carcajadas a los presentes.

Originalmente, el recital se realizaría en el Jardín Borda de esta ciudad. Sin embargo, y porque desde la tarde la lluvia sorprendía al municipio, los organizadores decidieron trasladar todo el esfuerzo al Teatro Ocampo, sobrio edificio localizado en el mero centro de Cuernavaca. Camarena resintió el cambio y muy pronto lo hizo saber a los presentes.

"Yo me imaginaba que estando en el Jardín Borda, el cielo sería hermoso, que abría luces discretas en el piso... que el romanticismo brotaría. ¿Quién viene con su esposa? ¿Quién con su novia? Tómense de las manos, mírense a los ojos y cántense uno al otro", pidió el artista y no fueron pocas las parejas que siguieron la indicación. El amor se presentó ahí.

Javier Camarena, calificado por un periodista de The New York Times como "Príncipe entre tenores", se salió del programa establecido por él y el director artístico del recital para hacer gala de su fraseo con: "Amor mío tu rostro divino, no sabe guardar secretos de amor..." , y frente a él, más parejas se tomaron las manos y brotaron los besos furtivos.

Camarena le cantó al amor y al desamor. Consecuentemente, entonó "una joya escrita por el maestro Armando Manzanero". El tenor se refirió a "No" , tema que inmortalizó en los 60 el baladita Carlos Lico y recientemente grabó Alejandro Fernández. Cuestión de estilo, de escuela, de género interpretativo. El "No" de Camarena, simplemente fascinó.

El recital terminó. Pero no, porque el público empujó con sus aplausos a Camarena y a Rodríguez de regreso al escenario. "La barca" y "El triste" , de Roberto Cantoral, fueron el bis. Por segunda ocasión, el recital concluyó. Y otra vez, el respetable orilló a los dos artistas a retomar el escenario para que siguieran, uno con su piano y el otro con su voz.

"Bésame mucho" y "Dime que sí" fueron la conclusión del espectáculo que estuvo lleno de amor y desamor, de arengas políticas-culturales, de bromas e interacción entre la dupla de artistas y el público.

A la salida, el piso mojado, el cielo luminoso y el vientecillo fresco dieron a los privilegiados asistentes un aire de renovado para conciliar el sueño.

 

sc 

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