El libro '43', un ejercicio para construir memoria

Francisco Mata Rosas convocó a través de Facebook a fotógrafos y a ciudadanos a crear una obra colectiva sobre Ayotzinapa
En el libro participan sobre todo ciudadanos que rescataron sus imágenes tomadas en marchas y manifestaciones (IMÁGENES TOMADAS DEL LIBRO 43)
11/04/2017
01:16
Yanet Aguilar Sosa
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En menos de tres meses, Francisco Mata Rosas recibió alrededor de 6 mil fotografías en la cuenta de Facebook que abrió para recordar, a través de las imágenes, a los 43 normalistas de Ayotzinapa. La metáfora era: reflexionar sobre el proceso de la memoria, cómo se va diluyendo conforme otros acontecimientos suceden. La hipótesis era interesante: que la mayoría de estas imágenes que tomamos y publicamos en Facebook se pierden en este hoyo negro que son las redes sociales.

A partir de esa convocatoria, el fotógrafo mexicano, que es profesor en la Universidad Autónoma Metropolitana Cuajimalapa, hizo una curaduría y coordinó y compiló el libro 43, que contiene imágenes de 46 autores, algunos son fotógrafos profesionales, como Ernesto Ramírez, pero la gran mayoría son aficionados o ciudadanos que acudieron o atestiguaron las manifestaciones que a lo largo de casi tres años han pedido justicia.

“Convocar y el publicar este libro era una forma de contribuir precisamente a este grito de ‘no, al olvido’ y era una forma de hacerlo desde la imagen como protesta social, la imagen como demanda, la imagen como grito, pero rescatándola de las redes sociales, en Facebook en particular, y demostrando que también se pueden construir proyectos creativos, de curaduría y edición y, sobre todo, proyectos colaborativos de otros usos de las redes sociales más allá del uso que le damos cotidianamente”, afirma Mata Rosas.

Autor de otro proyecto semejante, titulado Adiós TV y con miras a comenzar la convocatoria para el tercer proyecto del mismo tipo — que versará sobre migrantes—, Mata asegura que en este proyecto nacido de Facebook y que es colectivo y colaborativo se diluye muchísimo el concepto de autoría, lo mismo que el concepto de información y de temporalidad. “Las imágenes están publicadas en el libro sin pie de foto, sin ubicación, sin fecha y sin autor, se trata de que al reunir estos fragmentos de la memoria, al reunir estas imágenes sea el lector, quien utilizando sus propios referentes, su propia información, sus propias imágenes, construya la narrativa de este libro”.

Desde luego que al final del libro publicado por UAM Cuajimalpa está la lista de los autores de las fotografías. “Para mí era muy importante que fuera un proyecto colectivo y colaborativo, creo mucho en eso, creo que esa es una de las formas de hacer comunicación y hacer arte en este momento; y que las redes sociales son el campo ideal para hacerlo, me parece que en lo social y en lo académico, en lo vecinal, en lo nacional, en lo global, la organización colectiva, la creación de redes es lo que en este momento debe prevalecer como trinchera y herramienta política, social, cultural y artística“, dice Mata.

El autor de otros libros como Tepito ¡Bravo el barrio!, Un viaje y México Tenochtitlan asegura que hay una curaduría y edición en el libro en la que le interesaba mostrar esa diversidad de voces, de lugares y de imágenes que eran lo suficientemente poderosas para atrapar la atención del lector y que no fuera repetitivo. “Los criterios de selección fueron estrictamente en ese sentido, no por fecha, no por evento y mucho menos por autor. Lo importante era el tema, la construcción de esta demanda colectiva”.

Luego del ejercicio a partir de la imagen en las redes sociales y en el libro que se acompaña de textos que también surgieron de otra convocatoria coordinada por un colega suyo de la UAM, Felipe Victoriano, Francisco Mata Rosas llegó a varias conclusiones, entre ellas, que “vivimos en un momento de hipervisualidad donde nuestro contacto con la imagen es permanente, pero ya no sólo como consumidores sino también como productores”.

Otra conclusión es que la fotografía ha dejado de ser el instrumento que capturaba momentos extraordinarios, insólitos o de construcción de nuestra memoria para convertirse en un flujo constante. “Esta imagen líquida, este flujo constante todo el día la consumimos pero en la misma medida la desechamos”, concluye Mata Rosas.

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