Muere Gustavo Sainz, el escritor de la Onda

El autor de 'Gazapo' falleció en Indiana, EU, donde residía. Estaba retirado de la vida pública debido al Alzheimer
Gustavo Sainz, luego de lanzar la antología titulada 'Jaula de palabras', el 19 de enero de 1981
03/07/2015
02:11
Alida Piñón
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A Gustavo Sainz le gustaba ir al cine, ver películas en casa, conversar con sus amigos, enseñar a sus alumnos, aun cuando no mostraban mucho interés en su educación; le aterrorizaba ir al dentista, tenía una memoria prodigiosa, reía con facilidad, gozaba de las buenas comidas, le entusiasmaba la tecnología, en sus charlas y cartas personales privilegiaba palabras como “bonito” y “contento” y le gustaba festejar su cumpleaños. En los últimos de su vida tenía un gran sueño: donar su biblioteca, con más de 75 mil títulos.

El escritor nacido en la ciudad de México, reconocido por ser una de las figuras elementales de la llamada Literatura de la Onda, no pudo festejar su cumpleaños 75. Falleció el 26 de junio en el Indiana University Health Hospice House, Estados Unidos, por causas que no precisadas. Sin embargo, desde 2012 trascendió que el autor de Obesivos días circulares y Muchacho en llamas padecía Alzheimer.

Dedicó más de 50 años de su vida a la academia y este año se cumple medio siglo de la publicación de Gazapo, la novela que lo encumbró como una de las plumas más sobresalientes de la literatura mexicana.

Sainz, fundador de la llamada Literatura de la Onda, al lado de escritores como José Agustín y Parménides García Saldaña, quienes inyectaron de vitalidad a la narrativa mexicana, alejándola de las historias revolucionarias y proponiendo un lenguaje de y para jóvenes; se mudó a Estados Unidos en 1982, en donde fue académico de la Universidad de Indiana en Bloomington hasta su jubilación en 2011.

Su intención fue pasar sus últimos años en México, el país que honró en sus clases de literatura al proponer a sus alumnos la lectura de los autores que le parecían fundamentales de la historia de la literatura mexicana.

Era un gran lector que disfrutaba de la literatura escrita en español. En cada visita a México para cuestiones de trabajo, para recibir homenajes o asistir como invitado a ferias, le gustaba visitar librerías. “Desde la primera página, desde el primer párrafo, te puedes dar cuenta de si el libro vale la pena o no. Piensa en Pedro Páramo: ‘Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo’. Es contundente, poderoso”, dijo alguna vez en una entrevista.

Una vida dedicada a las letras

Sainz fue ensayista y narrador. Estudió leyes, filosofía y letras en la UNAM.

Fue asesor editorial de la SEP; fundador de la colección SEPSetentas, el calendario Ramón López Velarde y La Semana de Bellas Artes; profesor en la FCPyS de la UNAM y la University of New Mexico; jefe del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UNAM; conductor y director de programas de televisión; director literario de la editorial Grijalbo; director de Literatura del INBA; jefe de redacción de Visión; fundador y director de Eclipse y Siete; editor de Caso Clínico; director artístico de la Revista de Bellas Artes; asesor de Últimas Noticias.

Parte de su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, búlgaro, rumano y polaco. Traducciones que le entusiasmaban y lo llenaban de asombro al ver su obra en otro idioma.

También fue colaborador de Caballero, Diorama de la Cultura, El Sol de México, EL UNIVERSAL, La Cultura en México, La Semana de Bellas Artes, Revista Mañana, Siete, Últimas Noticias y Visión. Becario del Centro Mexicano de Escritores, en 1962; de la Fundación Ford, 1968; de la Fundación Guggenheim, 1974; de la Fundación Tinker, 1981; y del National Endowment for the Arts, 1983.

Obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia 1974 por La princesa del Palacio de Hierro, una de las obras que más recuerdos le traían. Al narrador le gustaba contar que la Princesa nació en las cafeterías, porque le gustaba ir a escuchar cómo hablaban las mujeres. La vestida de hombre, el golfo más golfo que el Golfo de México, fueron personajes que llevaron su escritura a otros niveles. De la revelación de Gazapo, a la tortuosa escritura de Obsesivos días circulares, Sainz fue reinventándose en cada libro, le preocupaba el fondo, pero sobre todo la forma. Fue un autor audaz, que se lanzaba hacia sus obsesiones y a su propia vida, aunque salvo su primera novela, aseguraba que sus obras no eran autobiográficas. “El escritor escribe de lo que conoce”, decía.

También fue Premio Nacional de Narrativa Colima para Obra Publicada 2003 por A troche y moche.

“Formé a muchos periodistas y críticos de cine que hoy son famosos. Pero luego me casé, tuve mis hijos y me era muy difícil permanecer en México, decidí irme a Estados Unidos, di clases en varias universidades y diez años después me quedé en Indiana. 50 años como profesor ha sido mucho tiempo, ya estoy muy cansado, además la juventud ahora está muy bruta, muy perdida, ya me da flojera enseñar a gente que no quiere aprender”, contó en 2011, cuando anunció que regresaba a vivir a México, aunque siguió viviendo en Estados Unidos.

Pese a que le maravillaba la juventud, en sus últimos años reconocía cierto cansancio. “No sé qué le pasó a la juventud. Antes iba al cine con mis estudiantes, al teatro, a los conciertos de rock, a las actividades de las ciudades cercanas. Eso acabó, ahora tanto hombres como mujeres están dormidos, no sé si el play station los ha cambiado, pero el estudiantado aquí no habla, no lee, no pregunta, me siento absurdo. Ojalá que los estudiantes en México sigan tan vivos como los recuerdo”. dijo.

Los recuerdos

Gustavo Sainz fue un hombre generoso, de familia y de amistades largas. Sabía querer y ser querido. El fotógrafo Alejandro Zenker, el escritor Ignacio Trejo Fuentes, son algunos de ellos.

El escritor y crítico literario Eduardo Mejía, rememoró: “Lo conocí unos días antes de que se fuera a Estados Unidos por un año; cuando regresó iba a dirigir una revista y me invitó a colaborar, pero al poco comenzó dos proyectos, “Eclipse” y “Audacia”; me nombró secretario de redacción pero todos hacíamos todo de todo: Cuauhtémoc Zúñiga, Alfonso Rodríguez Tovar, Arturo Jiménez, Anamari Gomis, Alfonso Loya, Federico Campbell; duramos tres números, pero las revistas fueron muy buenas y nos divertimos mucho. En esa época me enseñó los rudimentos del periodismo, de la edición, y me presentó con Luis Guillermo Piazza, a quien le entregó el manuscrito de mi primera novela, que me publicó. Por él inició mi amistad con Raúl Renán, Polo Duarte, Antonio Navarrete, Carlos Hernández, puras leyendas.”

Tras esa experiencia se vieron pocas veces, siendo jurados del premio de novela Grijalbo-El Heraldo y premiar a Luis Zapata con El vampiro de la colonia Roma; perdieron contacto cuando se fue a Estados Unidos; Gustavo sólo le llamó para avisarle de la muerte de su padre. “Después me escribió un tanto preocupado porque no querían publicarlo; le enseñé a Marisol Schulz su novela A troche y moche, y aceptó publicarla; hubo el proyecto de editar toda su obra, pero Sainz no era prudente y echó a perder las gestiones; de esas aventuras y muchos recuerdos nació, a iniciativa suya, una novela a cuatro dedos (los dos escribimos con dos dedos; él, el pulgar de la izquierda y el índice de la derecha; yo, con los dedos medios), El juego de las sensaciones elementales; pero un desencuentro enfrió las comunicaciones, aunque no mi afecto y mi agradecimiento”.

El crítico, añadió: “Sainz deslumbró con Gazapo, y ganó legiones de lectores con casi todos sus libros, experimentales, juguetones, de intensa búsqueda; mi favorita sigue siendo Obsesivos días circulares, la primera versión: desmesurada, en clave, erótica y a ratos pornográfica, de difícil pero encantadora lectura. Cuando menos en dos de sus libros hay largos párrafos míos”.

La poeta, editora y promotora cultural de Coahuila, Alejandra Peart, se mantuvo muy cerca de Gustavo Sainz en los últimos años, administraba el blog del escritor y emprendió con él uno de sus más acariciados sueños, una pequeña editorial independiente que se llama Atemporia, y que es la editorial que publicó la última novela de Sainz: El tango del desasosiego.

En entrevista telefónica, la poeta que impulsó la cercanía de Sainz con Gustavo, recordó que el escritor donó su biblioteca personal a Saltillo, pero fue un proyecto que no prosperó: “Era una biblioteca de muchísimos volúmenes, decía que era más la de Alí Chumacero, la donó y se firmó un convenio con el gobierno de aquí de Saltillo, a través de las bibliotecas públicas porque el quería hacer un centro cultural en Saltillo, decía que él quería estar cerca de mí”, señaló la editora.

Peart aseguró que la biblioteca está dividida entre Nuevo México, donde Sainz llegó a vivir primero, y donde están dos bodegas llenas de cajas, y en Blomington, Indiana, donde vivía.

“Yo tengo cosas de él, porque él ya iba a rentar una casa cuando enfermó, entonces todo se quedó en standby, por eso se quedaron cajas con papeles y fotografías y además yo estaba haciendo su blog, yo lo administraba pero yo lo detuve todo cuando él enfermó, no se me hacía correcto. El último post en el blog es de 2008, cuando él perdió la contraseña del blog, ya no se acordó; él siguió viniendo después varias veces pero ya no nos enfocábamos en el blog porque ya era demasiado para él, hablábamos de otras cosas”.

Recuerda que a Sainz le detectaron la enfermedad desde 2008, pero él no les dijo nada, incluso ella se enteró hasta después.

“En los últimos meses no pudimos hablar, él ya estaba muy mal y los hijos lo mantuvieron aislado porque ya no reconocía a nadie. Fue un terrible sufrimiento para él; yo le hablaba y él me decía quién eres, y yo lloraba y después él se acordaba y me decía Ale, era como una lucha de él y su memoria.”, dijo.

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