Jacobo Zabludovsky, el amante de los libros

Para el periodista, fallecido ayer, uno de sus lugares preferidos era su biblioteca, la cual formó a lo largo de su vida
En 2012, el periodista posaba frente a una de las paredes de la amplia biblioteca que tenía en su oficina. FOTO: Arturo Bermúdez / EL UNIVERSAL
03/07/2015
01:00
Yanet Aguilar Sosa
Ciudad de México
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“Esta es mi biblioteca, hecha libro por libro, uno por uno; el lugar que siempre anhelé para que el trabajo fuera prolongación del placer. Aquí estoy a gusto. Es mi biblioteca.” Así se expresaba Jacobo Zabludovsky de ese tesoro de libros reunido a lo largo de su vida, porque la bibliofilia fue otra de sus  pasiones, igual que el periodismo.

El comunicador fallecido ayer tenía en enorme estima su biblioteca: “Me gustan mis libros, su textura, su olor que por un extraño milagro no desaparece; será porque los libros crean su propia magia para conservar en su aroma el secreto de su estímulo a la imaginación”.

Así se lo contó a Corina Armella de Fernández Castelló, en la entrevista que  le hizo al periodista para hablar de su pasión por los libros. En esa entrevista sobre bibliotecas personales que formó parte del volúmen Entre libros, dijo: “El amor por los libros lo heredé de mi padre. algunos domingos nos llevaba a los tenderetes de La Lagunilla. Nos aconsejaba la compra de libros leídos por él en ruso y traducidos al español, las más de las veces, por editoriales argentinas.”

Corina Armella de Fernández Castelló, en entrevista telefónica desde Houston, donde supo la noticia, rememoró la larga amistad con Zabludovsky que se tradujo en proyectos editoriales; el primero donde visitó su biblioteca y supo por él cómo la organizaba y cómo estaba  dividida, la mayor parte en su casa, y los libros que él consideraba más imprescindibles y queridos, en su oficina, su otra casa, desde donde organizaba su mundo cargado de periodismo; el segundo proyecto fue el libro Mercados en la ciudad de México, él último donde Jacobo Zabludovsky colaboró.

“Cuando decidí hacer el libro de las bibliotecas, pensé en él desde luego y se lo propuse; me invitó a su oficina, me contó cómo su biblioteca estaba dividida en dos, libros de consulta en su oficina. La verdad es que siempre tuvimos un hombre cálido, generoso, con un gran conocimiento”.

Luego de visitar varias bibliotecas, Corina Armella pensó que sería maravilloso que no sólo hablaran en entrevista los bibliófilos, sino que ellos mismos escribieran en un texto. Hizo la propuesta y el primero en mandar su texto, como buen periodista, fue Zabludovsky. Pero allí no quedó su generosidad; cuando la autora decidió presentarlo en el Club de Industriales, invitó a Jacobo y él llegó a la presentación cargando una maleta.

“Fue una presentación maravillosa, de su maleta comenzó a sacar algunos libros que le representaban especialmente mayor cariño; llegó con la colección de libros que él mismo encuadernó en la secundaria; el libro que le costó un peso en 1944; algunos de sus libros firmados por sus escritores amigos”.

Y es que Jacobo, ese hombre generoso, gran ser humano que ella llama “mi ángel de la guarda”, escribió en su texto de Entre libros: ”Junto a diccionarios y a enciclopedias... están mis textos de la Universidad y volúmenes con dedicatoria: Artemio del Valle Arizpe, Rafael Alberti, Salvador Dalí, Pablo Neruda, Octavio Paz. Los recomendados por maestros como Erasmo Castellanos Quinto, Julio Torri, Alfonso Quiroz Cuarón, Miguel León-Portilla, Fernando del Paso. Y claro, las obras dedicadas de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Camilo José Cela, Carlos Monsiváis.”

Retratos interiores. Héctor Velasco Facio, quien hizo las fotos de Entre libros y Vida entre libros los dos libros de Corina Armella sobre bibliotecas personales, recuerda que la visita a Jacobo fue memorable porque era un personaje imponente pero gentil, pues le dijo que su colección más pero más especial estaba en otro lugar: el baño de su oficina, donde tenía algunos de sus libros más queridos. “Al señor yo siempre lo vi joven, tenía conversación para todo, le podías decir cualquier cosa, de viajes, cantinas, comida, intimidaba por todo el conocimiento que tenía”.

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