Ópera para niños, un oasis en el desierto musical

Arpegio Producciones lleva al Lunario varios montajes
La compañía se ha presentado en prácticamente todo el país, ha estrenado 11 títulos y ofrece entre 30 y 40 funciones al año. En la imagen, escenas de La italiana en Argel, de Rossini. FOTO: Cortesía Auditorio Nacional
19/06/2015
00:05
Alida Piñón
Ciudad de México
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La ópera dedicada al público infantil es un universo aún por explorar en México. Sin embargo, contra todos los pronósticos, Arpegio Producciones cumplirá 10 años de abrir camino y de ser una suerte de oasis en el desierto, y, sobre todo, de ser una compañía en la que participan importantes cantantes de reconocida trayectoria, como la soprano Irasema Terrazas, o jóvenes con futuro prometedor, como el bajo José Luis Reynoso. 

Además, en sus producciones han participado cantantes que hoy están empujando fuerte en la escena internacional, como Cassandra Zoé Velasco. La clave del éxito, dicen sus integrantes, es que la motivación principal es disfrutar de la música y del contacto con los niños.

“Nunca había hecho ópera para niños y la experiencia ha sido muy gratificante. El primer título que hice con Arpegio fue La flauta mágica y fue sorprendente ver llegar a padres de familia, con bebés en brazos y a mitad de la función unos papás sacaron la fórmula, la mamila, la prepararon y le dieron de comer a los chiquitos. Me enamoré de eso. Entendí que no había otra manera de llevar la ópera a un público infantil. Soy madre y sé que en el mejor de los casos puedo llevar  a mis hijos a las salas de concierto y a la ópera a partir de los siete o 12 años de edad, por eso estoy fascinada con el proyecto”, explica en entrevista Irasema Terrazas. 

La directora de la compañía, Sylvia Rittner, cuenta que en Arpegio  desarrollaron un programa de apreciación divertida de la ópera que tiene productos  discográficos y  escénicos, pero sobre todo idearon “juguetones modos narrativos” para acercar la ópera al público infantil. 

Inicio. Los inicios de Arpegio se dieron  en la producción de discos con actores de voz, como Cecilia Toussaint, y con música. Un año después, con apoyo institucional, comenzaron a realizar espectáculos que se presentaban en diversos foros de la ciudad de México que aún no se habían probado para un espectáculo operístico, como la Biblioteca José Vasconcelos.

“En esos primeros años fuimos hasta  Iztapalapa”, recuerda Sylvia Rittner. 

Desde entonces comenzaron a posicionarse como una de las mejores opciones para el público infantil, no sólo por el reportorio, sino también por la suma de talentos. 

Se han presentado en prácticamente todo el país, excepto en Colima,  en el Festival de México en el Centro Histórico, en el Lunario del Auditorio Nacional, en el Festival de las Artes de Baruta de Venezuela,  y en la Universidad Nacional Autónoma de México por la originalidad  y por la creación de programas nacionales en México, como “Niños manos a la ópera” y

“Temporada de Ópera para Niños”. Han estrenado 11 títulos y ofrecen alrededor de 30 y 40 funciones al año.

“Estoy muy orgullosa de todo lo que hemos logrado, a la fecha tenemos un elenco estable de 20 cantantes y cada uno tiene un alto nivel, son profesionales y han ganado premios en México y en el extranjero. Nuestra forma de trabajo es colegiada y hemos podido demostrar que se puede hacer ópera independientemente del apoyo del Estado”, afirma  Rittner.

Y es que tras esos primeros años, Arpegio ha conseguido ser autosustentable. “Nosotros no estamos pensando cómo podemos hacer dinero, sino qué podemos aportar. Por ejemplo, en el año de Puccini quisimos hacer Madama Butterfly de una manera distinta y utilizamos marionetas bunraku que mandamos hacer con especialistas. Lo que nosotros hacemos son creaciones, el valor líquido de Arpegio es la creatividad de la gente. Hemos realizado 11 producciones que nosotros mismos hemos pagado, es decir, recuperamos y pagamos la que sigue, también hemos tratado de ayudar en festivales, entre otras cosas”, cuenta Rittner.

Para la directora artística el siguiente paso de Arpegio es  la internacionalización; por lo pronto, celebran que las temporadas en el Lunario se mantengan con  el mismo éxito y buscarán fortalecer la difusión de su trabajo. 

Un sueño, dice, sería volver a los inicios, regresar a las colonias populares, pero lograrlo requiere necesariamente de un apoyo del Estado. 

“Lo que nosotros nunca haremos es menospreciar a los niños, tratarlos como si fueran bobos. Y mi ideal sería volver, por ejemplo, a Iztapalapa, estar en los espacios abiertos,  llegar a zonas en donde es impensable trasladarse a un teatro para pagar 800 pesos”, dice.  

Los próximos estrenos.  Arpegio tiene en cartelera El barbero de Sevilla, de Rossini, en el Centro Cultural Helénico, sus últimas funciones son el 22 y 18 de junio a las 13:00 horas. 

Luego tendrán el estreno en México de la ópera Livietta y Tracollo, de Giovanni Pergolesi, que será dirigida escénicamente por Antonio Zúñiga, y en el  elenco participarán la soprano Denise de Ramery, quien interpretará a Livietta y que recientemente apareció en la puesta  Masterclass, al lado de Diana Bracho; y el barítono Alberto Albarrán, quien interpretará a Tracollo y que formó parte del elenco del Theater Bremen Am Goetheplatz en Alemania.

Además darán la primera presentación de la obra Bastián y Bastiana, de Mozart; participarán  la soprano Irasema Terrazas, el tenor Hugo Colín y el bajo Charles Oppenheim. La dirección escénica es de Jaime Matarredona, quien participa actualmente en el  musical El Rey León.

Estas funciones están en el marco de  su sexta temporada en el Lunario del Auditorio Nacional. Serán cuatro  únicas funciones: 5, 12, 19 y 26 de julio.

“Lo que he buscado en la ópera para niños es un esquema de teatro musical, la música no es continua, elegimos lo más emblemático de las óperas y las intercalamos con escenas habladas. Además, la escena debe ser muy dinámica, debe haber una expresión completa en el cuerpo. Hemos tenido resultados muy bonitos, no nos limitamos, hacemos mucha interacción con los niños, lo que nos interesa es que los niños respondan a   lo que están viendo”, cuenta Matarredona. 

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