Niños buleadores: agresores y víctimas

Algunos de ellos también padecen TDAH (ESPECIAL)
21/07/2017
00:23
Roberto Gutiérrez Alcalá
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El bullying (vocablo de origen holandés) es el maltrato físico, verbal, psicológico y/o social deliberado y recurrente que un niño recibe por parte de otro u otros niños, con el fin de someterlo y asustarlo. En los casos de bullying participan, fundamentalmente, dos actores: el agredido o víctima, y el agresor. Casi siempre, sin embargo, es el primero quien por su condición de indefensión y desvalimiento, precisamente, acapara la atención general. Pero, ¿qué sucede con el agresor? ¿Qué es lo que lo lleva a actuar así, de manera violenta, en contra de uno de sus semejantes?

“En realidad, el bullying es la colita de un problema más grande. En las familias de los niños buleadores se repite un patrón de conducta: el padre es violento y agresivo, y agrede y golpea a la madre; la madre agrede y golpea a su hijo (o sus hijos); y el hijo, ya en la escuela, agrede y golpea a uno de sus compañeros”, dice Héctor Lara Tapia, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM y autor de la obra Disfunción cerebral, conducta asocial y delincuencia, editada por la Escuela Superior de Psicología de Ciudad Juárez, entre otras.

Es decir, ningún caso de bullying surge de la nada; para que se dé tiene que haber una dinámica familiar violenta, gracias a la cual el futuro buleador aprende a ser violento y agresivo.

“Es más, la familia le refuerza al hijo esta conducta violenta y agresiva. En algunos casos, incluso el padre y/o la madre amenazan con golpearlo si no se ‘defiende’ como hombrecito…”, señala el académico universitario.

Por otro lado, es importante señalar que, además de pertenecer a una familia violenta, los niños buleadores más agresivos desarrollan desde muy pequeños lo que se conoce como trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).

“Con la doctora Thalía Harmony, investigadora del Instituto de Neurobiología, campus Juriquilla, de la UNAM, estudiamos hace algunos años a niños mexicanos que cursaban la primaria y la secundaria, y concluimos que los que presentan TDAH tienen más problemas de conducta social y son más violentos y agresivos que otros porque son más impulsivos también. En esto, asimismo, cuenta mucho qué tantos límites se les pone, y el asunto es que a la gran mayoría de ellos no se les pone ninguno”, apunta Lara Tapia.

Al respecto es oportuno recordar que hace unas semanas se difundió en diversos portales de internet un video en el que se ve cómo un alumno de una secundaria técnica de la colonia Santa Martha Acatitla, en la delegación Iztapalapa de la Ciudad de México, agrede a golpes –dentro del salón de clases y frente a sus compañeros– a uno de sus profesores porque éste no le había dado permiso para ir al baño.

“Las autoridades educativas del país han permitido, de algún modo, que la violencia invada los recintos educativos del país. Revisar mochilas en busca de armas y/o drogas resulta ridículo. Si un niño o un adolescente quiere meter una navaja y/o droga en su escuela, no las llevará en su mochila, sino debajo de su camisa o en un bolsillo del pantalón, y, como está prohibido tocar a los alumnos, logrará su objetivo sin correr ningún riesgo de que lo descubran”, indica el académico universitario.

En conclusión, los niños buleadores generalmente viven en un entorno familiar en el que impera la ley de la hostilidad y la violencia. Y algunos de ellos también padecen TDAH y, además, desconocen los límites, tanto en el hogar como en la escuela.

“Tan es así que, después de estudiar a los niños de primaria y secundaria, estudiamos en la Ciudad de México y Toluca a 14 mil infractores juveniles del Consejo Tutelar para Menores, y vimos que 100%, es decir, todos, tenían TDAH y problemas de conducta asocial desde pequeños, y ellos son los que hacen bullying… Uno le ve la cara al bullying, pero atrás del bullying hay un montón de causas que lo detonan”, finaliza Lara Tapia.

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