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Ricardo Vigueras

Ricardo Vigueras es un narrador dotado de gran disciplina e imaginación. Sabe escuchar la prosa, el vaivén ríspido que la distingue de la poesía
07/07/2015
01:38
Élmer Mendoza
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Hay autores que el amor los lleva por el mundo, y no sólo conviven con la persona elegida, sino con una ciudad o con un país si el compromiso lo requiere. Tal es el caso de Ricardo Vigueras, que ha dejado que su corazón anide en Ciudad Juárez y vibre con una vida cotidiana tan particular, cadenciosa y dinámica, asuntos que cuenta en A vuelta de rueda tras la muerte, libro con el que se hizo acreedor al premio internacional Sor Juana Inés de la Cruz, 2013, que convoca el Gobierno del Estado de México, editado por ese mismo gobierno en 2014, en Toluca, México.

Ricardo Vigueras nació en Murcia, España, en 1968, pero tiene sus años viviendo en Juárez, ciudad de la que forma parte, así como del Colectivo Zurdo Mendieta. En este libro de relatos intensos demuestra ser un maestro en la creación de personajes, en conseguir un ritmo suave y continuo y en expresar un humor callejero que contribuye a dar solidez a su prosa, cuando se requiere. Encontramos a Pocamadre, un taxista solitario, con una relación amorosa con una luchadora, que se la vive participando en funciones por el norte; también está Zebulón, el taxista viejo, un grupo de hombres maduros como Cuacua, Elvispresli, Blasillo y Víctor, a quienes les pasa de todo.

Como tema, Ciudad Juárez es una tentación, y no son poco los escritores y periodistas que han publicado textos interesantes sobre una de las urbes más señaladas del mundo. Sin embargo, la percepción de los juarenses sobre la aguda problemática que soportan, es distinta; sin duda, cada texto ha salido del corazón. Vigueras nos cuenta, desde una actividad pública con tanta calidad de testigo, lo que pasa en la ciudad: una maestra que recoge a su hija quinceañera herida de muerte, una veracruzana piel dorada que apenas aprende a desmenuzar un cadáver cuando se convierte en uno, un jovencito ciego cuya madre lo envía a tener su primera experiencia sexual y en el sexoservicio se lleva una sorpresa, una particular maquiladora en que lo pensarían antes de solicitar empleo, los niños que recogen nieve y la comen con aguacate, el chico que fue a Mazatlán y encontró su destino.

Son historias de Ciudad Juárez, historias diferentes donde la vida aporta tanto y tantas veces que los forasteros nos impactamos, y comprendemos que no basta con buscar una margarita en el Kentucky, el Moridero para una cerveza fría o el Cuartito Azul para un buen churrasco con vino. Ciudad Juárez es un corazón temeroso que se calma con buena prosa y excelente poesía; porque, como revela el autor, “los derechohumanistas, los intelectuales y los artistas seguían levantando el grito al cielo, pero como que ya no se la creían ni ellos”; claro, si viven en una catarata donde, “todos los muertos son el mismo muerto”, puede ocurrir eso y más.

“El hombre es un castillo donde mora un fantasma”, ente que en esa ciudad fronteriza es temeroso y prefiere sólo mirar por las almenas. “El dinero es el pulmón de América”, se entiende, y con eso el padre de todas las tentaciones. Y hablando de eso: “se puede aprender mucho de los locos porque viven siempre al borde del abismo”, sobre todo cuando la vida se llena de incognitas cuyas respuestas, por sencillas, son sumamente arriesgadas; por ejemplo, optar por esa definición de la página 78 que reza: “El amor es una enfermedad mental”. Y ya se enterarán hasta donde llegó Otilia siguiendo al macho de sus sueños.

No es fácil trabajar con los símbolos del dolor. Sólo tienen que leer el texto de Ana Karen para constatar que Ricardo Vigueras es un narrador que consigue impregnar las palabras de humanismo. El sufrimiento es una catástrofe y requiere de palabras precisas para tomar cuerpo en un texto narrativo; “en Juárez ser bonita es correr peligro de muerte”; quizá lo han pensado, quizá se han detenido a comprobar que la arena de los alrededores de esta ciudad es rojiza.

Ricardo Vigueras es un narrador dotado de gran disciplina e imaginación. Sabe escuchar la prosa, el vaivén ríspido que la distingue de la poesía; en este libro nos comparte un universo que resulta familiar: el de los taxistas y su interacción con la sociedad. La experiencia de Blasillo es apabullante y sangrienta, la de Elvispresli sobrenatural y amorosa, la de Zebulón, el chafirete de John Wayne, una fiesta en que el que mejor baila las rancheras es el vaquero mayor. Todos recorren esas calles “donde la vida se ha vuelto una interrogante abierta”. Después de leer A vuelta de rueda tras la muerte amarán esta ciudad con un amor suave, como suspiro de muchacha. Ya me contarán.

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