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La milicia que ama el arte

El ejército de Israel permite a sus artistas cumplir su servicio en puestos donde pueden seguir ejerciendo su profesión
Dana Zeharia terminó su servicio hace años; cumplió con su deber ciudadano pero no dejó de practicar danza profesional. FOTO: Cortesía
03/06/2015
00:11
Jerusalén
Jana Beris/Corresponsal
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Entre la variada  y multifacética lista de cargos y oficios que desempeñan los soldados en las Fuerzas de Defensa de Israel, junto a las diversas unidades de combate y los desafíos tecnológicos, hay una vertiente muy singular para algunos de los jóvenes que cumplen su servicio militar obligatorio. Aquellos (y aquellas) destacados como músicos, bailarines o deportistas son reconocidos como sobresalientes en sus respectivos campos, siendo ubicados en puestos que les permiten  seguir dedicándose a sus áreas de especialización.

“El ejército comprende la importancia de que nos sigamos desarrollando en lo que hacemos, ya que eso nos enriquece a nosotros, pero también es una forma de seguir aportando a la sociedad y a la cultura del país”, dice Yedidia Shalib, de 22 años, que fue reconocido como músico sobresaliente y que cumple actualmente su servicio militar; así como Dana Zeharia, de 24, que hace ya años terminó su servicio, pero está agradecida con  las Fuerzas de Defensa de Israel por haberle permitido cumplir con su deber ciudadano, sin dejar de lado la danza profesional.

Yedidia, del kibutz Harduf, creció con la música. Desde los nueve años toca chelo y cuenta que era “su sueño” dedicarse a este instrumento. “Desde que lo oí por primera vez  supe que sería lo mío. Tiene un sonido muy cálido, que me inspira una gran felicidad, es como si transmitiera un sentimiento humano”, cuenta no sin señalar que también toca el piano. Hoy cursa el cuarto año de estudios de Música en la Universidad de Tel Aviv, en cuyo marco toma clases sobre teoría musical, orquesta y las particularidades de tocar solo o en conjuntos. Eso lo hace paralelamente al servicio militar “ya que el ejército comprende que es importante seguir estudiando”, asegura.

Yedidia se sumó a  los 12 años a la orquesta de los kibutzim, luego entró a la Filarmónica joven, que acepta miembros menores de 18 años, y al llegar la edad de enrolarse a la milicia tenía claro que buscaría la forma de no alejarse de la música. La posibilidad que da el ejército de reconocer a un músico sobresaliente como tal y permitirle continuar desarrollándose en lo suyo, aún mientras cumple con su deber nacional, le daba cierta tranquilidad. 

“La meta, claro está, es preservar los talentos y el futuro cultural del país... En el caso de los músicos, recibimos la oportunidad de tomar vacaciones especiales cuando tenemos conciertos. Claro que todo requiere de autorizaciones y burocracia, pero las cosas se hacen. Se toma en cuenta también cuando hay alguna competencia o presentaciones en el exterior”, explica.

Lo mismo le pasó a Dana Zeharia. “Las condiciones que el ejército me permitió eran óptimas para seguir dedicándome a mi profesión y progresar en ella”, narra. 

Recuerda que a lo largo del año, recibía 90 días libres especiales a fin de participar en espectáculos y ensayos importantes. Cumplía su horario de seis horas diarias en la base central del Estado Mayor en Tel Aviv, de modo que ello se adecuaba a la intensa agenda de las prácticas y las presentaciones.

“Si no me hubieran dado el reconocimiento como bailarina sobresaliente, no habría podido continuar con la danza profesional”, asegura. 

Explica que esto requiere una dedicación de por lo menos cinco horas diarias, a fin de poder mantenerse en forma. “Agradezco la oportunidad que se me dio para cumplir mi sueño de ser bailarina profesional”, resume Dana.

Cuando a Yedidia le tocó enrolarse, lo primero que le pasó por la mente fue tocar en una banda musical, pero el chelo no iba bien con las necesidades del marco al que llegó, y el desenlace, a su criterio, no podía ser mejor. Fue enviado a enseñar música, como soldado maestro, a niños en ciudades de la periferia, con entorno complejo desde el punto de vista socioeconómico. “Siento que me enriquezco, que aprendo mucho, no sólo enseño,  al mismo tiempo puedo seguir estudiando y tocando el chelo a nivel profesional”.

Uno podría preguntarse qué tiene que ver el servicio militar con un cargo de este tipo, y el músico no duda ni un instante al decir: “En el ejército hay una expresión que dice ‘el pueblo construye al ejército y el ejército construye al pueblo’, somos todos parte de la sociedad y cuando hay jóvenes que lidian con problemas especiales el ejército dedica esfuerzos a prepararlos para el servicio militar, de modo que sea positivo para ellos y para la sociedad a la que se deben integrar”, puntualiza. 

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