Conciencia. Mitos y realidades de las vacunas

Los hechos en Chiapas han generado desconfianza sobre los efectos de la vacunación. La información científica debe prevalecer para que no regresen peligrosas enfermedades erradicadas
25/05/2015
04:18
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Un virus de alrededor de 130 nanómetros es capaz de movilizar al mundo entero. Antes de que se desplegaran en el mundo los programas de vacunación a gran escala, el sarampión causaba 2.6 millones de muertes al año, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este es un ejemplo del impacto de las enfermedades prevenibles.

Las vacunas son consideradas uno de los grandes logros por parte de la ciencia, que las ha utilizado para luchar contra las enfermedades por más de dos siglos. La OMS considera que mediante ellas actualmente se evitan entre 2 y 3 millones de muertes al año, sin embargo se calcula que más de 22 millones de niños alrededor del mundo no reciben las inmunizaciones básicas.

En nuestro país el esquema de vacunación básico para niños y niñas de 0 a 9 años comprende las siguientes vacunas: BCG, hepatitis B, pentavalente acelular, DPT (difteria, tosferina , tétanos), rotavirus, neumocócica conjugada, influenza, SRP (sarampión, rubéoloa y parotiditis), Sabin (Poliomelistis), así como las de Varicela y Hepatitis A. Estas dos últimas sin registro formal en la cartilla y sujetas a disponibilidad.

Las vacunas se fabrican en un tiempo de producción aproximado de entre 6 y 33 meses. Más de la mitad de ese tiempo está dedicado al control de calidad. Pueden realizarse a partir de virus vivos atenuados, organismos o virus inactivos o muertos, toxinas inactivas, o segmentos de un patógeno. Este último proceso incluye vacunas subunitarias y conjugadas, como el caso de la Neumocócica conjugada y la que actúa en contra de la hepatitis B.

Otros de los elementos contenidos en las vacunas son los adyuvantes, que apoyan la producción de defensas en nuestro organismo. También contienen otras sustancias que sirven para evitar su descomposición y contaminación en el proceso de fabricación, así como para mantener su estabilidad. Esto significa que mantengan sus características para lograr la protección adecuada.

Algunas de las vacunas más recientes en el mundo son las que protegen contra algunos virus del papiloma humano, nombrada por la OMS como la infección viral más común del aparato reproductor que puede provocar cáncer cervicouterino, así como verrugas genitales tanto en hombres como en mujeres.

La doctora Leticia Rocha Zavaleta, especialista del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, señala que la familia del virus del papiloma humano tiene más de 200 miembros. “Las vacunas que existen en el mercado son dos. La llamada Cervarix protege contra dos tipos virales, el 16 y el 18, los que con mayor frecuencia se asocian al cáncer cervicouterino en México. La otra, llamada Gardasil protege contra cuatro tipos virales. Además de los mencionados, contra los tipos 6 y 11. Estos últimos están asociados con verrugas genitales, que nunca se convertirán en cáncer, pero son muy difíciles de tratar y causan muchas molestias”.

La especialista menciona que estas vacunas no son 100% protectoras contra el desarrollo del cáncer cervicouterino porque éste puede llegar por otros tipos virales, pero que sin embargo tienen un papel muy útil . “Son vacunas complementarias a los estudios que año con año las mujeres debemos hacernos para detectar lesiones premalignas a tiempo”.

Rocha señala que este tipo de vacuna es de las que se conocen como de nueva generación, fabricada con virus vacíos. “Hagamos de cuenta que el virus es como un huevo, la cáscara es la parte externa y la yema es su material genético. Esta vacuna está hecha de esas cápsides que recubren el virus del papiloma humano. Son vacunas muy avanzadas, difíciles de producir y con altos costos, pero muy eficientes. De tal forma que generan una protección duradera en contra de los cuatro virus mencionados”.

Los médicos privados la empezaron a aplicar desde el 2009 y aunque no está contemplada en el cuadro básico se han hecho campañas de aplicación para grupos de niñas entre los 11 y 14 años, lo que se considera la etapa previa al inicio de su vida sexual. De hecho, actualmente hay grupos piloto para su aplicación en varones de estos mismos rangos de edad. La especialista explica que tanto hombres como mujeres somos vectores, de tal forma que si se vacuna a las niñas y niños se cierra el círculo de transmisión.

En este momento las compañías que se dedican a producir este tipo de vacunas están trabajando en una vacuna del tipo con una capacidad más amplia, una especie de cóctel que protegerá contra 9 o 10 tipos virales al mismo tiempo. “También se le puede aplicar a una mujer adulta, siempre y cuando demuestre que no está infectada con el virus. Cualquier mujer con vida sexual obtiene protección de ella, pero debe ser aplicada bajo el criterio de un médico ginecólogo”.

Del mito a la realidad

Para la doctora Reyna Lizette Pacheco, investigadora de la Unidad de Proyectos Especiales de Investigación Sociomédica de la Facultad de Medicina de la UNAM, hay resistencia de la población a aplicarse las vacunas sobre todo a la menor noticia de que hay algún problema relacionado con ellas. “En general a lo largo de la historia se ha observado que las vacunas por sí mismas son seguras y no producen efectos adversos”.

La especialista agrega que entre uno los mitos que fueron surgiendo en torno a ellas es que algunas generaban autismo. Algo que definitivamente no se ha podido comprobar de manera científica. De hecho, éste ha sido detectado por la OMS como uno de los diez grandes mitos que alimentan la resistencia social a la vacunación.

Otra de las cuestiones consideradas en este decálogo de mitología popular sobre las vacunas es que las inmunizaciones ocasionadas por la enfermedad son mejores que las detonadas por las vacunas. Esto no es real, ya que las vacunas interactúan con el sistema inmunitario para producir una respuesta similar a la infección natural, pero no causan las enfermedades. De hecho, las complicaciones tanto en niños como en adultos pueden ser peligrosas, como la encefalitis en el caso del sarampión.

La OMS también subraya que mucha gente tiende a considerar que cuando una enfermedad está casi erradicada en su país, no es necesario vacunarse. Sin embargo, la realidad es que si bien las enfermedades prevenibles mediante vacunación son actualmente poco comunes en muchos países, los agentes infecciosos que las provocan siguen circulando en el mundo.

La doctora Pacheco señala que se deja de aplicar una vacuna cuando se comprueba que no hay una circulación del virus y factibilidad de contagio, como sucedió en el caso de la viruela. “Cada vacuna tiene que tener una evaluación y seguimiento específico. Para la poliomelitis se sigue aplicando, pero es uno de los casos en que probablemente llegará el momento de hacer ese tipo de evaluaciones: decidir sobre el impacto de la circulación del virus para realizar una eliminación gradual identificando grupos de riesgo por edad u otros aspectos”, comenta.

La poliomielitis, que es la más cercana a la erradicación mundial, se ha eliminado en todos los países salvo en Afganistán, Nigeria y Pakistán. El problema es que algunos países libres de poliomielitis se han infectado por virus importados. Es así que todos los países, especialmente los que padecen conflictos e inestabilidad, siguen en situación de riesgo hasta que la enfermedad se haya erradicado completamente en el mundo.

“La vacunación es esencial para adquirir anticuerpos y poder enfrentarnos a las enfermedades. Es un proceso muy importante en la prevención de la salud. En este momento parece que se contemplan las vacunas adecuadas en el cuadro de vacunación básico en nuestro país hasta donde la evidencia científica nos puede mostrar”, señala la investigadora de la Facultad de Medicina.

“No hay pruebas totalmente claras de la protección a largo plazo de algunas vacunas. Cuando se detectan casos en adultos, muy probablemente están relacionados con la pérdida de inmunidad y la necesidad de refuerzos. Cuando la enfermedad se presenta en adultos es más factible que haya complicaciones, pero hasta el momento no se ha podido identificar claramente el momento necesario de refuerzos en la etapa adulta, por ejemplo, en el caso del sarampión ”.

La especialista señala que en el caso de la vacunación en etapa adulta los esfuerzos en salud pública se han focalizado en los adultos mayores, principalmente centrándose en las vacunas contra las infecciones de influenza y neumococo, para evitar neumonías en grupos con clara pérdida de inmunidad y difícil recuperación.

También hay recomendaciones internacionales sobre la aplicación de inmunizaciones específicas. “Dependiendo del país a los que necesitemos viajar se requieren ciertas vacunas, si se va a África, se recomienda la vacuna contra la fiebre amarilla. Todo depende del país al que viajemos para cuidarnos de la prevalencia de enfermedades que hay en ese lugar”, comenta sobre esta enfermedad viral, cuyo vector es el mosquito Aedes aegyti, y está presente en 33 países de África, así como varios países de centro y sur de América.

Para Pacheco, las campañas de vacunación deben tener mucho impacto en un país como el nuestro sobre todo porque no tenemos un sistema de atención que esté basado en la atención primaria, esto quiere decir que no identificamos a un médico que nos brinde seguimiento a lo largo de nuestra vida. “Si esto sucediera no habría necesidad de tener campañas a nivel nacional, desplegando una serie de recursos durante semanas o meses porque este especialista sería el encargado de vigilar de cerca nuestras necesidades de vacunación. Al no tener este tipo de sistema médico que en lugar de curar, prevenga; el impacto de las campañas y de la información relacionada es indispensable”, concluye.

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