¿Exhausto? Cuida que no se trate de "burnout"

Si diriges tu empresa y el panorama difícil te obliga a trabajar de más, trata que no te afecte el síndrome del quemado. Aquí una guía para detectarlo y consejos para evitarlo
ILUSTRACIÓN: ROSARIO LUCAS. EL UNIVERSAL
31/01/2017
01:46
Mariana F. Maldonado
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El entorno económico y las perspectivas para el futuro hoy se encuentran llenas de incertidumbre para todos, y también para las empresas mexicanas, no importa su tamaño ni su giro. Estar a la cabeza de una organización nunca ha sido una tarea sencilla, pero hoy, más que antes, puede convertirse en algo difícil de manejar. Seguramente habrá que trabajar más horas y enfrentarse a la necesidad de ajustar gastos, hacer nuevas alianzas y trazar una estrategia con miras de sobrevivir a 2017. Y todo esto, de manera casi inevitable conllevará estrés. Mucho estrés para todos. También para los directores, dueños y en general, para las cabezas de las organizaciones mexicanas.

Es importante hablar de manejo de estrés, y para ello es esencial hablar de cuando el estrés laboral deja de serlo y se convierte en un agua negra que lo toca y contamina todo, no sólo el trabajo. Una cosa es estar estresado, otra es sufrir de burnout, un padecimiento estudiado a lo largo de varias décadas —desde los 70— y que no encuentra una traducción fiel en español, aunque se le ha llamado síndrome del quemado.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) lo define: “Es un estado de exhaustividad física, emocional y mental resultado de un involucramiento a largo plazo en situaciones que pueden ser emocionalmente demandantes”.

“Las personas se sienten tristes, desmotivadas, suben o bajan de peso debido al estrés de tener responsabilidades o exigencia muy altas o de tener que pasar tantas horas en el trabajo”, explica Paola Saenz, sicoanalista de la Sociedad Psicoanalítica de México. Cuando se habla de burnout se refiere a un padecimiento ocasionado exclusivamente en el ámbito laboral; sin embargo, éste toca todas las esferas de la vida de la persona, generándole toda clase de síntomas físicos como sicológicos y sociales, tales como problemas gastrointestinales, dolores de cabeza, dolores musculares o sicológicos, irritabilidad, depresión, apatía y aislamiento.

“Quien tiene burnout no la pasa nada bien y en casos muy severos las personas empiezan a pensar en abandonar el trabajo de manera repentina o de forma extrema, pensamientos suicidas”, asegura la sicóloga. Es tanto el estrés y la exigencia, que este tipo de pensamientos pueden brotar en la cabeza de los individuos.

Según la OIT, sus características son: agotamiento emocional, cinismo —actitudes insensibles y negativas hacia la gente que son los receptores de los servicios—, despersonalización, falta de compromiso en el trabajo, bajo nivel de realización personal e ineficiencia.

¿Qué lo produce? Hay factores que propician este padecimiento, bajo los que el individuo está expuesto durante un largo periodo. Entre éstos están: ambigüedad de roles, cambios en las organizaciones, baja satisfacción laboral y logro personal, desbalance vida-trabajo, pobres relaciones laborales y bajo apoyo laboral, incluido acoso y bullying, según describe la OIT.

“En México puede ser común por el abuso de las jornadas laborales tan largas que se tienen”, explica la especialista.

 

Y tú, ¿qué tal estás?

Ya que conoces la descripción de este padecimiento, es necesario hacer la pregunta incómoda: ¿Te sientes identificado? Si cada mañana te despiertas desmotivado, desgastado, con dolor de cabeza y sensación de vacío, sin ganas de ir a abrir la cortina, pensando en que las horas que vas a tener que dedicarle a tu empresa, es necesario que prendas un foco rojo.

“Es necesario hacerle caso a lo que uno siente, tanto corporal como mentalmente. Si dura más de un mes o tres semanas, se trata de un burnout”, explica la especialista.

Pero, ¿cómo enfrentarse a este padecimiento? Primero, identifica qué es lo que te está estresando. Algunos sin duda son problemas reales que está sufriendo tu empresa y a los que hay que darle solución.

Pero hay otros casos en los que la fuente de estrés es uno mismo. Por ejemplo, pensar en episodios futuros que serán fuentes de estrés es una manera de generarlo. De esto sufren sobre todo aquellas personas que tienen tendencias perfeccionistas y que suelen ser duras consigo mismas, según explica Líderando a través del agotamiento, una disertación sobre la relación entre inteligencia emocional y burnout realizada en la Universidad de Pensilvania y reseñada en la Harvard Business Review.

La investigación señala que los líderes que estaban más conscientes y en sintonía con las presiones que se auto imponían eran aquellos con más capacidad de remediar el nivel de estrés.

Lo siguiente es conocer tus limitantes. Es importante saber qué puedes y qué no puedes hacer. Por ejemplo, si no estás capacitado para realizar cierta acción, pide ayuda, esto disminuirá tu estrés, sugiere Kandi Wiens, una de las autoras del estudio. Es común que los empresarios —y sobre todo emprendedores— quieran hacer todo con sus medios en las etapas iniciales de conformación de una empresa, pero es importante que si no saben, buscar un especialista.

 

Comunica

Este momento no lo tienes que pasar solo. Es posible apoyarse en colaboradores, que les cuentes de tu situación para que te puedan apoyar en ciertas tareas. El saber que están ahí va a hacer que disminuya tu tensión.

Ponerte en los zapatos del otro y ser va a ayudarte a reducir el estrés también. “Sé inquisitivo, haz preguntas, escucha profundamente. Pon atención en la otra persona y enfócate en qué es lo que te está tratando de decir. A través de buscar entender su perspectiva, estarás en una mejor posición de ganar su confianza e influenciarlo”, recomiendan los autores en la HBR.

Lo que no debes olvidar es también la importancia de estar con la gente que quieres y cuando estés con ellos, darte y darles tiempo de calidad. Esto significa no contestar correos, no estar atento al móvil, sino desconectarte para concentrarte en los otros y tu relación con ellos.

 

Cuerpo sano

Hacer ejercicio es una de las recomendaciones de siempre para liberar el estrés. En este caso, lo es también. Hacerlo tiene que ir acompañado con comer, dormir bien —intentar acostarse a la misma hora siempre — y meditar.

Hoy, lo que los especialistas recomiendan es el mindfullness, un concepto con raíces en el budismo pero que hoy está desprovisto de todo cariz religioso y consiste, para explicarlo de manera simplificada, en meditar a través de la toma de conciencia del momento presente. Hay varios centros que ofrecen esta actividad o incluso en internet hay tutoriales de cómo hacerlo.

Es recomendable también tener un pasatiempo que te distraiga. Dedica esas horas por la tarde o fines de semana —sí, de inicio será muy difícil abandonar el escritorio— a tomar un curso de fotografía, cocina, historia, de lo que quieras, pero que te desconecte del trabajo.

 

Importancia de gestionar las emociones

Tener estrés excesivo en el trabajo no es sinónimo de burnout de manera forzosa. Y esto se debe a una variable: Qué tanta inteligencia emocional se tiene.

Así lo descubrió la investigación de la Universidad de Pensilvania, la cual analizó a 35 directores médicos de grandes hospitales en la búsqueda de la relación entre estas dos variables y encontró que a pesar de que 69% de los estudiados describieron su nivel de estrés como severo, muy severo, o el peor posible, la mayoría no sufrían de burnout.

Lo que mantenía su estrés a raya era su nivel de inteligencia emocional, según cuenta un texto escrito por Kandi Wiens, una de las autoras de la disertación (y doctora por la misma universidad) en la Harvard Business Review. Es decir, la inteligencia emocional dota a quien sufre de estrés con las herramientas necesarias para hacer frente a altos niveles de éste.

La inteligencia emocional es esa capacidad de entender y manejar nuestras emociones y está compuesta de varios aspectos. Los autores ponen ejemplos: La autoconciencia emocional nos permite entender las fuentes de nuestra frustración o ansiedad y mejorar nuestra habilidad para considerar varias respuestas.

La autogestión nos permite estar calmados, controlar impulsos, y actuar apropiadamente a la hora de enfrentar el estrés. Las habilidades de manejo de conflicto nos permiten canalizar nuestra ansiedad y emociones hacia la resolución de problemas. La empatía es otra forma de luchar contra el estrés porque mientras más se entienda al otro más se tomará en cuenta.

Así que es un buen momento para empezar a autoanalizarse y estar conscientes de las propias emociones. De esta manera, tu empresa funcionará mejor.

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