19 | ABR | 2019
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ILUSTRACIÓN: CARLOS RIVAHERRERA

La dama de las turbulencias

17/12/2015
03:30
Marco Payán
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Janet Yellen termina con una era. Ya lo había hecho al ser la primera mujer al frente del banco central de Estados Unidos, ahora lo hace al terminar con 10 años de tasas cero

El 16 de diciembre de 2015 Janet Yellen rompió con un paradigma más. Ha subido las tasas de interés de Estados Unidos. Es decir, le da un voto de confianza al desempeño de la economía de su país y busca controlar el alza de precios. Una inflación que aún no se ve claro que esté fuera de control.

¿Qué es todo esto? Es el trabajo de la primera mujer al frente de la Fed, el banco central de la unión americana. Su trabajo es tanto político como económico. Se trata de una posición que pocas personas podrían ocupar.

Después de 10 años, Janet Yellen, que representa la estabilidad y mesura al frente de la Fed, toma una medida que espera evite una burbuja más adelante. Se trata de una de las personas más poderosas del mundo, y su trabajo es, por un lado, considerar los factores que afectan a su economía (empleo, inflación, crecimiento, entre otros) y, por otro, la política dentro y fuera del organismo más importante de la economía en Estados Unidos.

Parte de su labor es no hacer caso de las presiones propiamente políticas, sobre todo ahora que se acercan las elecciones a la presidencia de su país. Se dice que el alza de tasas, que podría repercutir en una desaceleración no deseada del empleo, podría quitarle puntos a Hillary Clinton, quien se perfila para ser la apuesta demócrata para la contienda. La misma Yellen es una demócrata, pero eso no deja que la influya a la hora de tomar una decisión como la de este 16 de diciembre.

La esposa de un Nóbel

La carrera de Janet Yellen tiene poco y mucho qué ver con los logros de su marido, George Akerlof, quien recibió el Nobel de Economía en 2001. Mientras que Akerlof pasaba de Berkeley a la London School of Economics estuvo un año en el consejo de la Reserva Federal, en Washington, DC. En el comedor lo conoció Janet Yellen. Sin mucho atraso decidieron casarse. Se conocieron a finales de 1977 y para junio del siguiente año ya habían contraído matrimonio.

Según ha dicho el mismo Akerlof, se trató de que sus personalidades eran muy compatibles, y que estaban de acuerdo en la pasión de los dos contrayentes: la macroeconomía. Acaso, ella apoya más al libre mercado que él.

Como suele suceder con estatistas y tomadores de decisiones, fue una razón práctica también la que los orilló a casarse con tanta premura. Akerlof ya había aceptado dar clases en LSE por todo un año más, así que Janet consiguió también un trabajo en LSE. De Washington viajaron a Londres ya casados. Después del frío Londres, regresaron juntos a Berkeley en agosto de 1980.

Los dos, con aficiones similares, como la academia y los cargos públicos de alto nivel, sabían que serían buena compañía uno del otro. En junio de 1981, nació su único hijo: Robert.

Gavilán o paloma

El arte de una posición como la de Janet Yellen, como el diablo, está en los detalles. El manejo de su comunicación es crucial, pues una declaración descabellada podría tener repercusiones “en los mercados”, es decir, en la economía.

Los inversionistas podrían dejar de arriesgar su dinero en negocios (que generan empleos). O bien, podrían ponerlo en negocios creando más inflación. Esto dice la teoría. Una teoría que la misma Yellen trata de comprender del todo.

Al modo de Greenspan y Bernanke, sus antecesores, Janet Yellen ya no es Janet Yellen. Se ha convertido en lo que representa: el organismo que tiene la misión de controlar la inflación y, a diferencia con otros bancos centrales del mundo, a propiciar las condiciones para generar empleo. Como un símbolo, tiene que respetar los códigos que no le permiten a los especuladores sacar sus propias conclusiones.

En la jerga de economistas se suele usar el término “dovish” como una manera de hablar donde se le resta importancia a un suceso para sugerir que no se tomará una medida extrema sobre el tema. En un mundo de economistas, donde se pretende considerar todos los indicadores objetivos de la economía para tomar decisiones fuera del sentimiento y más cercano a la razón, hay mucha cabida para la interpretación. Hoy ya es parte del juego.

Y en ese juego Janet Yellen, hasta ha tomado un papel “dovish”, que con su discurso da a los mercados sugerencias de las medidas que podría o no tomar (como el alza o no de tasas).

Para la misma Janet se trata de una manera de dar certidumbre.

Aunque se trate de un juego de formas y fondo; muy al estilo del maestro del barroco Baltasar Gracián, pero en Washington, DC.

Sin embargo, la postura “dovish” de Janet Yellen es en parte por la que en febrero de 2014 se nombró presidente de la Fed, con el apoyo del Senado de Estados Unidos. Fue una manera de decirle: “dejemos los discursos ambiguos para los políticos, contigo queremos certezas.” Y su trabajo hasta hoy ha sido en ese sentido.

“DÉJENME PARAR AQUÍ”

De 69 años, Janet Yellen está en perfecto estado para tomar decisiones que cambian al mundo. A pesar que recientemente tuvo un mareo mientras daba una conferencia el pasado 24 de septiembre en la Universidad de Massachusetts. Se había deshidratado por la intensidad de los reflectores que la iluminaron más de una hora. Esa fue la versión oficial. Pero es de tal importancia su papel que incluso su salud es noticia mundial.

Entonces, con tantos aspectos predeterminados por las instituciones (eso es lo que las hace ser instituciones) como la Fed, ¿qué es lo que sí puede hacer Janet Yellen? Mucho. Aunque es defensora del mercado libre, también considera que el Congreso de Estados Unidos debe supervisar a la misma Fed, y ésta debe hacerlo con los grandes bancos. En parte es una medida para evitar una crisis como la de 2008, donde los bancos colapsaron y el gobierno tuvo que financiar su recuperación.

Esta idea no es nueva, si bien es que se presenta siempre ante una crisis: “¿No debió el gobierno hacer algo para evitarlo?” En el caso de Janet Yellen, fue en su paso por Yale cuando, al estudiar su doctorado, tuvo de maestro a James Tobin, una de sus grandes influencias y quien abogaba por más intervención del estado para evitar las crisis.

En la academia, ahora como profesora, pasó seis años como asistente en Harvard, pero no logró tener el puesto permanente. Fue cuando conoció a Akerlof, su esposo, que mientras él ya se había comprometido a dar clases en la London School of Economics, ella buscó la oportunidad con suerte. Y lo mismo hicieron al regresar, ahora a Berkeley, en California.

Fue en Berkeley que conoció a Laura D’Andrea Tyson, quien años más tarde la recomendaría para ser miembro del consejo de gobernadores de la Fed, en 1994.

Era un intento de la administración de Bill Clinton de hacer más plural un organismo demasiado orientado al mercado, como lo tenía Alan Greenspan.

Fue en esas sesiones de gobernadores donde se le conoció como la mujer que argumentaba fuerte, pero abierta al diálogo y la confrontación. Más tarde, en 1997, se unió al grupo de asesores del mismo Bill Clinton, una medida que le hizo ganar más confianza ante las negociaciones con el resto del gobierno.

Además, de haber sido de las primeras personas dentro de la Fed en señalar una posible burbuja inflacionaria (un escenario a evitar donde los bienes tienen precios que no corresponden a la realidad) en el sector inmobiliario, que más tarde desató la crisis de 2008.

Si algo es propio de Janet Yellen es su llamado a una recuperación sin creación de empleos, un escenario que no se esperaba posible. Ella lo explicó en 2010 y mostró su compromiso con metas a largo plazo, como la inflación de 2%.

Además, mostró, en 2012, su apoyo a tener una meta también en la creación de empleos. Esto fue algo insólito en su momento. Es decir, que las medidas de la Fed siempre deben ser para sanar un momento en la historia y buscar la estabilidad económica.

DE MAIN ST A WALL ST

La plática o conferencia que dio después de tomar el puesto al frente de la Fed lo dio en Chicago, donde dijo, de nuevo las formas, que “Aunque trabajamos en medio de los mercados financieros, nuestra meta es ayudar a Main Street, no Wall Street.” Cierto. Era algo que se esperara que dijera, pero sus acciones parecen ir en ese sentido. Ella misma no nació en un contexto de financieros, sino que su madre era profesora y su padre médico, quienes vivían en Brooklyn.

Es decir, su vida no ha estado muy alejada de Main Street como suelen llamarle a la calle que compartimos todos, tal como la inflación y el desempleo.

Es curioso cómo la persona a quien más escuchan, la que puede cambiar los encabezados de todos los periódicos con una declaración, es también la persona que menos se comunica. Fiel al espíritu de los organismos de gobierno de Estados Unidos, no habla de más ante los medios. Es su papel.

Con aquel discurso quería que quedara claro que la Fed estaba al servicio de la gente, aunque su naturaleza fuera distante, hermética y muchas veces, atiborrado de un lenguaje propio de financieros que las personas “de a pie” no dominamos. No todos tenemos de pareja a un Nobel con quien comentar el punto

Cuando Janet Yellen hacía fila en el comedor de la Fed, en 1977, se dio cuenta que su vida cambiaría. Su recién conocido George Akerlof ganaría el premio Nobel, y no sabía que ella llegaría a la presidencia de la FED, pero tenía la certeza que su vida iba a tomar un rumbo nuevo. Como espera que pase con la economía de Estados Unidos.

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