Las autoridades económicas de China han decidido dar marcha atrás con el proceso de apreciación de su moneda. Durante la última década la tendencia general del tipo de cambio dólar-yuan había mostrado una lenta apreciación de la divisa china.

Dicha estrategia respondió a las presiones que algunos países habían ejercido para tratar de eliminar la competitividad artificial de las exportaciones del país asiático. No se deben olvidar los llamados que George W. Bush y Barack Obama hicieron para que China frenará su intervención en el mercado cambiario.

La respuesta fue un gesto políticamente amable, atendieron la solicitud pero lo hicieron con gradualidad: una lenta apreciación que en 10 años llevó la paridad de 8.2 a 6.2 yuanes por dólar. Todo ello para evitar un choque abrupto sobre la competitividad de sus exportaciones y para dar tiempo al avance de su productividad.

China no cree en la libre fluctuación del tipo de cambio, la intervención de sus autoridades ha sido un factor estratégico en la conducción de su comercio exterior. El objetivo ha sido alcanzar un superávit comercial que genere crecimiento económico. El resultado fue exitoso, y a pesar de la enorme entrada de capitales el yuan se ha mantenido subvaluado.

Con las dos devaluaciones aplicadas esta semana dicho proceso termina. El mensaje no es menor, atenta contra la denominación de “economía de mercado” que China busca alcanzar. Ello atenuaría la aplicación de medidas que limitan sus exportaciones hacia países que desean eliminar la competencia desleal de los productos chinos. La magnitud de la desaceleración de la economía china es tal que prefieren devaluar.

Además esta medida cambia el contexto global: se adelantó al alza de tasas de interés por parte de la Reserva Federal. La consecuencia ha sido la generación de mayor incertidumbre en el mercado cambiario y en las bolsas de valores.

Sin lugar a dudas que esto tendrá secuelas importantes; algunos países optarán por mantener sus monedas depreciadas para no perder terreno frente a las exportaciones chinas. Por primera vez en la historia moderna, el mundo debe estar atento a las modificaciones de política monetaria de China, no solamente de Estados Unidos.

Para el caso de México la implicación es más fuerte. No solamente se trata de la competencia directa que nuestras exportaciones tienen frente a las del país asiático, también debe contemplarse la divergencia de estrategias. China optó por devaluar; con ello busca conservar su posición en el comercio global y crecer. México intenta frenar la caída del peso, apreciarlo y evitar un golpe inflacionario, y para ello gasta millones de dólares cada día.

El problema para nuestro país es que actúa de manera reactiva con el objetivo de mantener la precaria estabilidad macroeconómica, aun sin crecimiento. El país depende de decisiones de política económica que se están tomando en otras partes del mundo y que restringen el éxito de las medidas internas.

* Director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico

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