Reincidentes en buena hora

A pesar de todo. Tercas como son, y cíclicas, han regresado a nuestras calles las jacarandas. Cada año porfían en su mensaje: se le puede ganar al gris. Les basta el color tan suyo combinado con hartos verdes para darle a la Ciudad una noticia: hay que reclamar, aguantar, tener paciencia, sacar fuerza de donde haya, y hallarla, para no cejar.

La soberanía radica en el pueblo

 

El 31 de enero pasado, 10 asociaciones ciudadanas solicitamos al jefe de Gobierno convocara a plebiscito para la ratificación o negativa de la sociedad capitalina a la nueva Constitución de la CDMX, aprobada por la Asamblea Constituyente.

Ante la respuesta negativa por parte del Gobierno de la Ciudad, el 17 de febrero los representantes de las mismas organizaciones promovimos ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación un Juicio de Protección de los Derechos Políticos Electorales del Ciudadano (JDC).

Transparencia, compromiso con la sociedad

Un conjunto de reformas constitucionales y legales han colocado a la trasparencia en México en uno de los mejores momentos de su historia reciente, pero, también, en un punto de arranque para hacer efectivo el ejercicio, sin discriminación ni restricciones, del derecho de acceso a la información y la consecuente exigencia de una efectiva rendición de cuentas del quehacer gubernamental en todo el país. 
 

Cambio de régimen

La grave crisis del sistema político mexicano requiere un cambio de régimen que enfrente la corrupción impune. Para lograrlo, dos preguntas son esenciales: ¿En qué consiste el cambio? ¿Cómo se puede hacer de manera pacífica?

No dedico espacio a fundamentar la necesidad. Hay diagnósticos de sobra que muestran por qué el Estado de derecho, democrático, no puede funcionar con nuestro arreglo institucional. Y hay suficiente hartazgo ciudadano para subrayar la urgencia.

Educación superior y Estado de derecho

Acaso el gran tema del tiempo mexicano en estos días cruciales sea, como recordaba Octavio Paz, avanzar desde la nación retórica al Estado de derecho. Es decir, resolver el divorcio entre un conjunto de reglas avanzadas de convivencia y la realidad de su aplicación. El Estado de derecho, en efecto, es la prueba mayor del desarrollo de las sociedades: lo que se proponen en sus normas y lo que en los hechos logran. Ahí radica, afirmaba el Nobel de Literatura, la razón del fracaso o el éxito de las naciones.

No todo es por la corrupción

Hace unos días le preguntaron al presidente Peña Nieto sobre el problema de la corrupción en el país y dijo: “Cualquier cosa que ocurra hoy en día es por la corrupción (…) casi casi, si hay un choque aquí en la esquina, ¡ah! fue la corrupción” (Expansión, 16/10/2017). Tiene razón, sin embargo, el problema es mucho más grave, porque a esa corrupción se le suman otros conflictos graves que vuelven intolerable la situación del país, como la inseguridad, la impunidad, las amenazas a la libertad de expresión y la captura institucional.

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