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A escasos días de que se anunció la reelección por consenso del mexicano José Ángel Gurría Treviño por un tercer periodo al frente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) se le escucha contento, y dice que además de “honrado” por la decisión tiene “un gran sentimiento de humildad y desafío.

Considera que la tercera es la vencida, que ya no habrá más, y que será en 2021 cuando prepare las maletas de regreso a México, país que dejó en 2006. El martes que se dio el anunció no hubo mucho tiempo para festejos porque tuvo que trasladarse a Alemania, para participar en el Foro de habilidades y destrezas de la fuerza de trabajo y al Foro Internacional de Transporte del G-7.

Gurría toma la llamada telefónica durante uno de sus trayectos por carreteras alemanas, de Dresden a Berlín, en donde dice se puede viajar a 160 kilómetros por hora porque hay muy buenos carros y no es necesario poner límites de velocidad.

Confía que en 2015 el crecimiento económico de México será de 3% y si se acelera la actividad mundial, pero sobre todo la de Estados Unidos, el país podría moverse a una “cifra cercana” a 4%. A mediano plazo si las reformas se implementan y complementan bien, mediante una revisión constante de éstas el país el PIB será más grande en 5% para 2020 y 10% mayor para 2025.

Quien fuera secretario de Hacienda de México explicó que la aprobación de las reformas fueron un gran avance para el país, porque “se ve ahora a la economía con nuevos ojos”, pero la transformación nunca acaba y por ello deberán de revisarse los cambios hechos y apostar ahora a reformar el Estado de derecho y de justicia.

Dijo que el gabinete económico actual ha logrado hacer frente a los retos que se presentan en un mundo en el que hay bajo crecimiento y añadió que el mercado provocó la baja de los precios del petróleo “no es sorpresas que bajen los precios del crudo, hay que vivir con esta nueva realidad” y creo que por ello fue la mejor decisión hacer los recortes presupuestales porque no se elevarán ni impuestos ni la deuda. 

¿Cómo se siente en esta su segunda reelección?

—Muy contento y honrado y con un gran sentimiento de humildad y desafío para seguir trabajando con los 34 países miembros y también los no miembros que cada vez, en mayor número, vienen a consultar a la OCDE.

Es la segunda vez que me reeligen, porque primer me eligieron, luego me reeligieron y esta es la segunda vez que lo hacen. Y como dicen: la tercera es la vencida. 

¿Y después de esa ya no seguirá?

—Habrá que regresar a México en 2021. 

¿Cómo se siente estar en las grandes ligas?

—Es un compromiso con la organización, con los miembros. Hay que ponernos a trabajar. Así que nos duró poquito el gusto porque al día siguiente tuvimos que venir a Alemania a presentar un estudio sobre las habilidades y destrezas de la fuerza de trabajo y luego estuvimos en el Foro Internacional del Transporte, que es parte de la OCDE. Ahora en el G-7 con los ministros de finanzas con temas de impuestos y de la economía mundial. Así que estamos dándole duro. 

¿Cuáles serán las prioridades del tercer periodo que inicia en 2016?

—Yo creo que la prioridad es dejar atrás el legado de la crisis, el bajo crecimiento, el muy alto desempleo, la creciente desigualdad y la erosión de la confianza que generó la crisis económica. Es necesario poner a los jóvenes no solamente a estudiar, también a trabajar y mejorar el bienestar de todos los países miembros de la OCDE y de un número creciente de países no miembros que nos consultan y trabajan con nosotros. 

¿El ser mexicano y estar al frente de la OCDE no le deja un reto extra para empujar más a México, su país?

—Con México trabajamos intensamente, prácticamente colaboramos con todas las dependencias públicas. Trabajamos en cuestiones de impuestos, de comercio, en regulación, competencias, flexibilidad del mercado laboral, telecomunicaciones. Estamos muy intensamente dedicados a un diálogo muy constructivo sobre mejores prácticas. Se firmó un convenio entre la OCDE y México para fortalecer los vínculos y eso nos ha permitido realmente programar mejor el trabajo con los expertos y también estar presentes en los momentos más importantes con el objetivo de subrayar nuestro apoyo a los proyectos de reforma del gobierno mexicano. 

¿No es un poco frustrante que siendo usted de México el país esté al final de los indicadores como el de productividad?

—Ser integrante de la organización no da automáticamente un nivel promedio de los países de la OCDE, lo que te permite es aprovechar los estudios o investigaciones y todo el trabajo que se hace para copiar las mejores prácticas y por supuesto, si hay la voluntad política, nosotros ponemos todo el trabajo técnico que de los expertos, las alternativas y soluciones de lo que hacen los países del mundo.

En respuesta a los mismos retos que hoy tiene México y ya será decisión de los mexicanos escoger cuáles son las opciones que les parezcan más apropiadas para el país. En un diálogo entre el Ejecutivo, el Legislativo y la propia sociedad mexicana. 

Hablando de retos, ¿Cuáles serán los retos que tendrá la actual administración mexicana en la segunda mitad del sexenio?

—Creo que después del impresionante paquete de reformas que se discutió, diseñó y aprobó, se negoció que lo aprobarán cuando menos la mayoría de las fuerzas políticas, se obtuvo mayoría calificada. Hay otro tipo de reformas pendientes: la del Estado de derecho y la del sistema judicial, las cuales tienen que abordarse.

Además de los retos de siempre, poco a poco se le gana terreno a la pobreza y desigualdad, a través de esquemas de crecimiento más incluyentes.

Estamos creciendo bajo, pero prácticamente todo el mundo tiene estimaciones de crecimiento menores a lo que teníamos hace unos meses. En el caso de México ¿cómo no va a ser si se cayeron los precios del petróleo a casi la mitad? Tenemos coberturas petroleras, pero aun así tiene efecto.

En segundo lugar tenemos decrecimiento en las economías que más nos interesan desde el punto de vista del país. Si Estados Unidos crece menos habrá impacto en términos de demanda exportadora. México no es una isla no depende exclusivamente de su propia demanda interna para su crecimiento. Tiene tratados de libre comercio, así que depende de su vinculación con el resto del mundo y cómo le vaya al resto del mundo. 

¿Alcanzaremos 3% en este año o harán ajustes a las expectativas?

—Espero que sí. Hay una tendencia. Vemos que este año será de alrededor de 3% y 2016 se puede mover a una cifra cercana a 4% porque estamos viendo una mayor recuperación en Estados Unidos, Europa, Japón. Se ve mejor comportamiento para el próximo año. 

La reforma hacendaria que se hizo en México nos ayudó a recaudar más, pero no hay crecimiento económico...

—Las reformas fiscales dan los recursos que el gobierno necesita para atender las necesidades de los más vulnerables. Las medidas de cambio estructural, como las que se han tomado, son las que generan los flujos de inversión nacionales y extranjeras, empleos y crecimiento. Estos cambios están dando como resultado flujos de inversión en un contexto difícil. Y las reformas dan un crecimiento superior al de Europa y de Estados Unidos. 

¿Cómo calificó el recorte al presupuesto de México por la caída de los precios del crudo?

—En enero, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, dijo si cae el precio de petróleo, no van a aumentar el déficit ni el gasto y es exactamente lo que han hecho. Es importante que los gobiernos tengan credibilidad y que tomen la iniciativa en lugar de que los mercados los obliguen. De esta manera hubo la seriedad, voluntad política y además la inteligencia de saber que estas cosas si se hacen a tiempo y con oportunidad hay confianza, pero si se difieren generan incertidumbre.

La caída de los precios del petróleo es una cuestión de mercado, si el mundo no demanda más energía no sorprende que bajen. Por eso hay que vivir con la realidad de precios de petróleo más bajos. 

Si estamos ahora en la etapa de implementación de las reformas, ¿en qué momento veríamos el impacto de las reformas en el crecimiento económico?

—En algunas ya lo estamos viendo en el corto plazo, porque se creó un ambiente nuevo. Se ve a México con nuevos ojos, están ya lanzando algunas rondas de licitación de la industria petrolera, y también se generan inversiones en muchas áreas y temas, relacionadas con la ley de competencia, la laboral y de los cambio para combatir la corrupción.

En estos cambios al sistema nacional de lucha contra la corrupción, se pidió opinión a la OCDE, que aportó las mejores prácticas en los países que consideramos que tienen leyes y un mejor marco jurídico, análisis y documentos que el gobierno analizó. 

¿Cuántos puntos darán de crecimiento las reformas a México al cierre del sexenio, en 2018?

—Nosotros hemos calculado que las reformas pueden dar varios puntos de crecimiento adicionales en mediano y largo plazos, porque los efectos son acumulados, crecen en el tiempo. A los cinco y 10 años habrá crecimientos superiores, lo que no se vería en ausencia de reformas. Pero por otro lado hay que comparar no sólo cuánto se le va a agregar, sino qué pasaría si no las hubiéramos hecho, porque el resto del mundo está haciendo reformas. Si no las hacemos nos quedaríamos a la zaga y no tendríamos el crecimiento adicional que hoy estimamos, lo que significaría que nos comerían el mandado.

Para 2020, es decir, en los próximos cinco años, podríamos agregar 5% al crecimiento económico actual, y en los próximos 10 años otro 10%, pero dependerá de cómo se implementen y complementen las leyes y cómo se realice el proceso de las reformas, porque nunca termina; es un estado de ánimo; debe ser una forma de vida. No es un evento que suceda, empiece, termine y se acabó. En un país como México hay que revisar las reformas de las reformas.

¿Si hacemos este trabajo de implementación y complementación de las reformas creceremos entonces 5% y 10% en los próximos 10 años?

—Estamos hablando de crecimientos acumulados, no es que le agreguemos cinco puntos a cada año. Aquí lo estamos viendo como un producto de las reformas. Esto significa que si el crecimiento tuviera un valor de 100, con las reformas entonces llegaremos al 105 en cinco años y en 10 años llegaremos al 110. No quiere decir que si ahora crecemos al 3% creceremos 8% anual. 

¿Cómo ve la continuidad de Agustín Carstens en el Banco de México, porque el 31 de diciembre concluye su mandato?

No le puedo decir cuáles son las intenciones del gobernador, pero la verdad es que hemos tenido en todo el equipo económico una de las fuerzas importantes de la actual administración. El gobernador tiene algunos años a cargo, es una persona reconocida, se le respeta a nivel internacional. Es una persona con gran experiencia. Fue secretario de Hacienda, estuvo en altos niveles en el Fondo Monetario Internacional, y hoy, como gobernador de Banxico, pone en alto el nombre de México. 

Vienen las elecciones para Cámara de Diputados, gubernaturas y alcaldías. ¿Debiéramos buscar la continuidad o no hay riesgos?

—En todas partes todos somos países democráticos, todos tenemos elecciones y a veces es cambio de presidente, a veces de parlamento. En todas partes se negocian coaliciones. En México vimos un trabajo político complejo y delicado para mantener mayorías simples para aprobar todo el paquete de reformas en los últimos dos años, ahora viene una etapa de implementación. Y la necesidad de enfocarse en cambio al Estado de derecho y el sistema judicial para el bien de la sociedad.

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