Lincoln Continental: el retorno de la limusina

El Lincoln Continental ha resucitado. Y con él, los símbolos de un ‘buque insignia’.
16/07/2017
12:00
LUIS HERNÁNDEZ DEL ARCO
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La lista de vehículos que han logrado acumular millones de unidades vendidas es amplia. Sin embargo, el conteo de los modelos más longevos de la historia es mucho más corta. Son pocos los automóviles (los nameplates, que les dicen los gringos) que han sobrevivido al paso de los años y a los cambios de gustos.

Algunos han estado presentes de manera ininterrumpida, como la Chevrolet Suburban (el más longevo de todos), el Ford Mustang o el Porsche 911;  otros, han vuelto a la escena después de una pausa en su producción.
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En el grupo de autos llenos de tradición y que han resucitado reina, por la resonancia de su nombre y la forma en que estimula la imaginación, el Lincoln Continental. De no ser por la pausa de la década de 1940 y la de principios de la década pasada, estaríamos hablando de 78 años de fructífera vida. Es una leyenda no solo para Ford Motor Company, sino también para la industria en general.

Hijo predilecto de Detroit.  Al parecer, Lincoln se dio cuenta de que no podía prescindir de su emblema, Continental, así que decidió invocarlo de vuelta. Sí, en 2002 dejó de producirse; fue sustituido por el Town Car y después por el MKS. 
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Hemos conocido ya a la décima generación de este auto que lleva el ‘Made in Detroit’ como una medalla. Llega a tiempo para festejar los 100 años de Lincoln y dar a conocer la nueva filosofía de diseño que permeará en toda la línea. 

Para tener una idea clara del tamaño del Continental, diremos que su largo de carrocería es similar al de un Cadillac CTS, un BMW Serie 5, un Audi A6 o un Mercedes-Benz Clase E. Ahora bien, si incluimos en la apreciación las decoraciones de la carrocería, se revela un automóvil señorial en toda la extensión de la palabra. A primera vista salta la parrilla (con acentos similares a las de Jaguar o Bentley), los rines de 20 pulgadas y el estilo de las calaveras y faros. Con toda esta indumentaria, queda claro que el objetivo de Lincoln no es hacer frente los sedanes medianos alemanes.
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Como en todo auto de ultralujo, lo mejor se reserva al abrir las puertas. Y lo decimos literalmente: el accionamiento eléctrico de las puertas, que dice adiós a los clásicos ‘azotones’, nos habla de lo que está por venir. Una vez instalados en el asiento del conductor, no queda otra que apreciar la alta calidad de los materiales (cuero, madera y aluminio) y la sofisticación del tablero, que se olvida de las agujas y relojes para recibir un par de pantallas (una para el cuadro de instrumentos y una para el sistema de información y entretenimiento) y botones táctiles. Los asientos delatan también  el grado de confort y lujo; además de una gran sujeción, ofrecen accionamiento eléctrico con 30 posiciones. El sistema de audio, por cierto, tiene 19 altavoces.

Encendemos el motor y aprendemos otro aspecto más que marca la diferencia: no existe una palanca de cambios como tal. Los cambios se realizan por medio de una serie de botones ubicados a un costado de la pantalla central. Al pasar el botón a Drive, disponemos de una potencia que se ubica en el territorio de las versiones más equipadas del Serie 5, Clase E y A6. La aceleración es ágil (ya que el motor es un doble turbo de seis cilindros), pero también impresionan  la suavidad y la estabilidad en alta velocidad. Lo que sí queda a deber, nos parece, es la transmisión automática. A estas alturas tener solo seis velocidades en un auto de este calibre no es fácil de tragar.
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Independientemente del alto desempeño, este Continental es uno de esos, no muchos, automóviles que se pueden disfrutar tanto al volante como en la fila trasera. Uno querría convertirse en pasajero, pues podría disfrutar de comodidades y espacio excepcionales. Por medio de una consola central, por ejemplo, es posible controlar el aire acondicionado de la parte posterior, el sistema de audio, la ventilación y calefacción de los asientos, así como el quemacocos y la persiana del medallón. No es que eso no se haya visto antes, sino que el tacto y el ‘estilo’ de control transmiten clase.

Este buque insignia de Lincoln es todo un gesto elocuente a favor del lujo clásico, opulento. Sin ser, de ninguna manera, de la ‘vieja escuela’.

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