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El artista motoquero

Descubre el Fine Art que lleva a cabo un alemán nacionalizado mexicano, a través de las imágenes que ha capturado de otros motociclistas en acción.
19/03/2017
11:00
Jimena González Bernal
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Para el motociclista Meinolf Koessmeier su primer vínculo con el arte fue una cámara. Miles de veces disparó el flash durante distintas puestas en escena, porque el teatro lo sumergió en el universo de la fotografía. Sin embargo, el destino le tenía otra propuesta más audaz, llena de aventura y súper apasionante.
 Fue en México donde el alemán encontró su verdadera vocación: capturar la imagen de pilotos sobre dos ruedas en movimiento, cuando aún prevalecía una atmósfera cultural en torno a las motos en Tres Marías, Morelos. Así se convirtió en el pionero de este tipo de fotografías, lo cual le valió el reconocimiento de la comunidad, además de ser parte de una Asociación de Vendedores de Accesorios en esta localidad.

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Desde muy joven se volvió un verdadero amante de las máquinas, con las cuales cumplió otra de sus grandes pasiones: los viajes. Pero al nacer su hijo en este país, decide poner una pausa frente al manubrio y su único acercamiento con la adrenalina que generan estos motores fue poner en práctica sus habilidades con la cámara.
 “Durante 12 años logré tomar fotografías de motociclistas en la carretera, se podría decir que por más de una década capturé a una generación completa de personas que conformaron una comunidad en Tres Marías, como parte de la historia del motociclismo en México”, señala.

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El arte digital. 
Esa inquietud que lo caracteriza fue la misma que lo impulsó a llevar más allá la fotografía. Entonces con su computadora en mano comenzó a explorar otras alternativas digitales hasta llegar al Fine Art, cuya técnica no es muy común y que solo hace algunos años que comienza a adquirir fuerza.

Entre su creatividad toma alguna de las miles de imágenes que ha levantado a lo largo del tiempo; las diseña con los programas que utiliza; después las imprime sobre una tela conocida como canvas y al montarlas en bastidor, da como resultado un trabajo parecido a una pintura.  
 “La base es una fotografía digital que trabajo con la computadora, para que tenga una similitud a una pintura. Estuve probando con los programas que se pueden utilizar en fotos digitales, hasta que llegué al resultado que ahora se puede apreciar”, comparte Koessmeier.

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Se trata de una obra de arte muy costosa por la impresión de tintas. Por ejemplo, si está montada sobre un bastión con marco de 1.5 metros por 1 metro, su valor es de 17 mil pesos. Aunque su creador ofrece facilidades de pago, sin intereses, una opción que vale la pena para los amantes de las motos.

“Cobro desde el valor de la fotografía que tomo, así como el costo del material, la impresión y el trabajo que dedico para obtener el resultado final. Las ediciones que armo para su venta solo cuentan con 10 unidades, aunque siempre pregunto si se desea el original o la copia.

“Quiero compartir que este trabajo es de emociones; la adrenalina de un motociclista es muy conocida entre la comunidad. Si me acuerdo de algo o una foto que transmite una emoción, entonces empiezo a trabajarla, sin importan que no la venda, porque cuando llega la inspiración hay que aprovechar el momento”, advierte.

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 Una historia en el recuerdo
Koessmeier nos cuenta por qué decide abandonar Tres Marías. Primero por la alta competencia que se generó en los últimos años y la falta de sensibilidad de los lugareños, los comerciantes y de los mismos asistentes, quienes convirtieron a este recinto motoquero, en una cantina al aire libre.

“Cuando empecé no había un solo fotógrafo y nunca advertí de mi presencia, para no distraer al piloto, sobretodo porque las imágenes que levanté eran principalmente en curvas. Ahora hay pseudo fotógrafos que no saben de motociclismo ni son motociclistas y solo ponen en peligro a las personas.
 “Ya no estoy más ahí, porque lo que pasó en Tres Marías se salió de las manos de la gente del pueblo que manejaban sus negocios, entre ellos restaurantes. Empezaron a vender alcohol en exceso y ahora los visitantes que sube solo van en busca de la fiesta y eso provoca muchos accidentes. Eso fue lo que me molestó”, dijo.

Sin embargo, sigue en contacto con la comunidad de motoqueros del país. Con ellos o en compañía de su hijo, realiza viajes a distintos sitios de México, a través de su BMW F650GS, sin olvidar su cámara para seguir inmortalizando estas tres pasiones que lo envuelven: los viajes, las motos y la fotografía.  

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