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80 años de experiencia

GM México luce fuerte, robusta y ambiciosa. Una vez superadas las pruebas ha enfrentado durante sus ocho décadas de vida, todavía promete muchas sorpresas
13/11/2015
17:05
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Ochenta años se dice y se escribe fácil, pero son más de 29 mil días desde que General Motors México (GMM) comenzó a picar piedra en territorio nacional; son ocho décadas en las que ha vivido momentos difíciles, algunos incluso alarmantes como la crisis económica nacional de 1982 y la crisis mundial de 2009, pero también ha disfrutado las mieles del triunfo como su expansión de complejos y plantas en diferentes estados de la República Mexicana, ser el proveedor oficial del Papamovil de Juan Pablo II o como los 13 años consecutivos que se mantuvo como el líder de ventas en el país, entre muchos éxitos más.

La empresa se consolida con una participación de mercado superior al 18% y es un referente del sector automotriz mexicano, pero es también, la compañía de este ramo que más aporta al Producto Interno Bruto, según nos platica Ernesto Hernández, presidente y director general de GM México, en una amena charla que tuvimos con él en su enorme oficina.

Fue por eso que la compañía celebró en grande esta semana su 80 aniversario, con la asistencia de altas personalidades del mundo ejecutivo y empresarial que se dieron cita en el corporativo para ser parte del histórico acontecimiento.

El inicio de un sueño. Fue en septiembre de 1935 cuando la compañía de origen estadounidense, anunció su decisión de invertir capital para levantar una planta en México y en abril de 1936 comenzaba a materializar sus planes con el arranque de la construcción de la fábrica en el Distrito Federal con 36 empleados y el 18 de enero de 1937 por fin, los sueños se convirtieron en realidad con la creación del primer camión Chevrolet armado con manos mexicanas.

Cuenta la historia que en ese tiempo la planta ya tenía 222 empleados y la impresionante capacidad de producción de ¡10 unidades diarias! Todo se iba confeccionado de acuerdo a los planes iniciales, el sindicato y GMM firmaron el primer contrato colectivo y uno de los éxitos de los obreros no calificados fue negociar un sueldo de ¡cuatro pesos diarios!

Los buenos resultados continuaron y en 1964 la empresa iniciaba su dominio y expansión con la construcción de un complejo en Toluca, Estado de México, para fabricar motores. Más tarde levantó ahí dos plantas, una de fundición y otra de ensamblaje con la misión de cumplir el decreto que establecía que 60% de los componentes de los autos debería ser de manufactura mexicana, pero también para contener el embate de la competencia que empezaba a atacar con reducción de costos.

En 1979 la empresa del moño dorado inició la construcción de un complejo más, ahora en Ramos Arizpe, Coahuila. Una se destinó al ensamble de autos medianos y grandes, la otra para la producción de motores.

Más tarde, 1995 fue un año de contrastes para GMM. Septiembre negro con el cierre definitivo de la primera planta, la que abrió en el Distrito Federal, pero el lado agradable de la carrocería fue el surgimiento de un nuevo complejo en Silao, Guanajuato, reconocido como sus instalaciones más modernas, con dos plantas: una de estampado para toldos, puertas, cajuelas, etcétera y otra de ensamble, principalmente de las camionetas Chevrolet Suburban y GMC Yukon con etiqueta de exportación

Los buenos resultados continuaron y prueba de ello fue una nueva expansión en 2008 hacia la zona del Bajío con un complejo más que se decidió levantar en San Luís Potosí en el que incluye dos nuevas plantas: una principalmente para la producción del sedán Aveo que en corto tiempo se colocó y se ha consolidado por mucho, como el vehículo más vendido en México y la otra planta para trabajos de estampado.

El terreno de los autos. Por lo que toca al tema de vehículos, es claro que en estos 80 años han desfilado infinidad de modelos General Motors en nuestro país.

Algunos han dejado huella imborrable como el popular Chevy, otros sin duda fueron todo un éxito en su momento como el Impala o el Citation, por mencionar algunos; otros más como el Malibu de los 80, a petición de los fans de la marca, tuvo que regresar y lo hizo por la puerta grande para vivir una nueva era; hay modelos que durante años han sido un emblema para la marca como el deportivo Camaro, pero también hay que reconocer que ha habido modelos que pasaron de noche y otros que se sí se hicieron notar, pero por su diseño muy poco agraciado, como el famoso vehículo utilitario Aztek.

El máximo reconocimiento, como nos comenta el propio Ernesto Hernández, es para el famosísimo Chevy que de hecho ya no se comercializa más. “Yo le tengo además de respeto, un cariño muy especial al Chevy, fue un vehículo icónico, muy bien vendido en México. Vendimos un millón de unidades de ese vehículo que además, marcó un cambio de flexibilidad en nuestras plantas”, comenta el directivo.

GMM hacía el futuro. Por ahora la empresa goza de buena salud, tiene elementos y argumentos para seguir rodando cuesta arriba en busca de nuevos objetivos y promete interesantes sorpresas en los próximos años.

La compañía se dice muy optimista, muy contenta con la posición que ha logrado tanto a nivel de industria doméstica como a nivel de exportador, satisfecha con la participación superior al 18% muy en línea con el portafolio de productos que ofrece y con el tamaño de inversión que maneja en el país, la cual confía en mejorarla gradualmente.

“Pero lo más importante es que estamos totalmente comprometidos con el bienestar de nuestros clientes, de nuestro país, muy echados para adelante, invirtiendo, apostando por el futuro de México y muy comprometidos con la gente que tenemos”, comenta como colofón Ernesto Hernández.

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