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Racismo: de Parks a Heyer

03/09/2017
02:14
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Entre “la sublevación” en 1955 —sublevación es palabra mía— de Rosa Parks (1913-2005), el asesinato de Heather Heyer (1985-2017) y el indulto a Joe Arpaio concedido por Donald Trump (26 de agosto) median 62 años.

Rosa Parks nació en Tuskegee, Alabama, y es considerada una figura crucial del movimiento en defensa de los derechos civiles en Estados Unidos. El inicio de su sublevación parece simple pero no lo fue: en 1955, mientras viajaba en un autobús, se negó a cederle el asiento a un blanco y moverse a la parte trasera tal y como lo dictaban las reglas.

Los transportes públicos tenían “una frontera”: una línea dividía los asientos, los primeros para los blancos, los traseros para los negros. El conductor del autobús donde viajaba Parks les ordenó a ella y a otras tres personas de raza negra ceder sus asientos a un blanco que recién había subido. Todos, menos Parks, acataron la orden. Debido al incidente fue encarcelada por perturbar las reglas.

Semanas después del affaire Parks, se inició el “Boicot de autobuses de Montgomery”, protesta social y política contra la segregación racial en el sistema de transporte público. La lucha duró un año: en 1956 la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucionales las leyes que exigían la segregación racial en Montgomery —recomiendo observar en la red fotografías de Parks en el autobús y las de su fichaje en la cárcel, donde sostiene, diría yo, con orgullo, el número 7053—. En 2005, poco después de su fallecimiento, sus restos fueron honrados en la Rotonda del Capitolio, convirtiéndose en la primera mujer y la segunda persona afroamericana en recibir esa distinción. Entre el movimiento iniciado por Parks y el asesinato de Heather Heyer transcurrieron 62 años.

Heather Heyer (32 años) fue asesinada el 12 de agosto de 2017 mientras protestaba contra supremacistas blancos en Charlottesville, Virginia. Como se sabe, ese día, ultranacionalistas blancos y manifestantes opositores se enfrentaron debido a la orden de remover la estatua del general Robert E. Lee, símbolo de la esclavitud en el país. Heyer murió arrollada por el automóvil que conducía James Alex Fields, integrante del grupo ultranacionalista; junto con Heyer, 19 personas fueron heridas. Heyer era asistente legal y activista. De acuerdo con Susan Bro, madre de Heather, su hija había ido a protestar contra la marcha supremacista, porque “quería ponerle fin a la injusticia”.

Los tuits de Trump, tras el suceso, son memorables; no superan otras trumpadas —Trump nunca dejará de competir contra Trump— pero es culmen del desaseo, de la falta de sensibilidad y de la imbecilidad: “Creo que ambos bandos tienen la culpa, de eso no hay duda”; “No toda esa gente era neonazi, no toda esa gente eran supremacistas blancos”; “Hubo un grupo de un lado que fue malo y hubo un grupo del otro lado que también fue malo”. Entre los sucesos de Charlottesville y el indulto del ex sheriff Arpaio transcurrieron dos semanas.

El 25 de agosto, la Casa Blanca afirmó, “la carrera de Arpaio, que ha trabajado 50 años en las fuerzas de seguridad, desde el Ejército a la agencia antidrogas (DEA, siglas en inglés), pasando por varios cuerpos de policía, ejemplifica el servicio público desinteresado”. Debido a lo anterior y a la edad (85 años) del sheriff racista, Trump lo indultó. La opinión de la Casa Blanca choca contra la realidad: Arpaio es una de las caras más visibles del racismo antiinmigrante.

Dentro de sus incontables y execrables acciones contra los migrantes destaca el montaje de una cárcel al aire libre en Phoenix, con tiendas de campaña que llamó tent city. Allí los detenidos eran brutalmente humillados: vestían trajes a rayas y tenían que soportar temperaturas hasta de 45 grados. Trump lo perdonó por dos razones: amén de ser uno de sus grandes aliados políticos era necesario alimentar a los trumpistas más recalcitrantes.

Entre el loable acto protagonizado por Parks, el lamentable asesinato de Heyer, los tuits académicos de Trump y el indulto de Arpaio, Estados Unidos, y el mundo, confrontan una nueva epidemia de racismo, cuyo fuerza, in crescendo, véase Europa del Este, léase Trump, léase discriminación contra los indígenas en México, amenaza la estabilidad del mundo.

Notas insomnes. En Tuskegee, cuna de Parks, entre 1932 y 1972, el Servicio Público de Salud de EU llevó a cabo uno de los experimentos más crueles de la medicina. Seiscientos afroamericanos fueron estudiados para observar la progresión natural de la sífilis no tratada. A pesar de contarse con penicilina desde la década de los cuarenta, que ofrecía la posibilidad de curación, el experimento no se dio por finiquitado, pues, para los investigadores, el grupo representaba una oportunidad única para estudiar la sífilis.

Médico

Médico. Profesor de la Facultad de Medicina, UNAM. Miembro del Colegio de Bioética. Colabora mensualmente en la revista Nexos. En 2013 publicó "Decir adiós, decirse adiós" (Mondadori).

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