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México: genética y política

10/06/2018
02:14
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¡Por fin se sabe: en México los culpables de tantos desastres, de tantas pillerías, de tantos latrocinios y de la miseria que mata a muchos y amenaza a todos no es responsabilidad innata de los políticos! Ellos, los dirigentes de hoy y de ayer, no son culpables ni de sus hurtos ni de su falta de educación ni de construir casas con el dinero de la ciudadanía ni de cambiar de partido político cada vez que sea necesario —con tal de tener hueso y así salvar al país— ni de la corrupción ni de traficar con drogas ni de la impunidad ni de asesinar y hambrear al pueblo ni de tantos otros nis que no enumero en este artículo por falta de espacio.

¡Por fin! Gracias a la ciencia podremos entender, no aceptar, las razones por las cuales nuestro querido país está cada vez más enfermo y, por ahora, sin remedio. Un grupo de genetistas y científicos, provenientes de las más prestigiosas universidades de Marte, tras estudiar el mapa genético de cien políticos mexicanos, encontraron que 99 compartían un gen desconocido. El gen principal, de ahora en adelante conocido como Azteca, variedad PRI, subvariedad PAN, especies PRD y Morena —colocados a la izquierda—, determina, además de la predisposición para dedicarse a la política, la imperiosa, imprescindible e inescapable tendencia a robar, corromper, mentir, asesinar, así como pactar y nunca cumplir, con todos, menos con el diablo, i.e., con sus congéneres.

Algunos genes, explican los científicos, predisponen a padecer enfermedades como diabetes mellitus, cáncer de mama, o determinan otros rasgos, como el color de los ojos o la altura, mientras que el gen Azteca define los quehaceres y obligaciones, virtudes y defectos de quienes lo tienen; es decir, las acciones no dependen de la voluntad del portador del gen, en este caso de los políticos mexicanos, sino de los aminoácidos contenidos en el gen —los aminoácidos, son, en lenguaje llano, el esqueleto de los genes—. Cabe agregar que otras condiciones mexicanas, como desnutrición in útero u obesidad porque el salario promedio del pueblo sólo permite comer guajolotas —tamal envuelto en bolillo—, aunque no dependen directamente del gen en cuestión, sí de los robos de los políticos, cuya desmesura ha condicionado la hambruna de quienes, aseguran, han votado por ellos. El estudio agrega otra información: la única persona investigada que no poseía el gen Azteca en realidad no era político, era un periodista disfrazado de político.

Los mexicanos no políticos, profesionales o trabajadores, ricos o pobres, judíos, musulmanes, budistas o católicos, obesos o hambrientos, mujeres u hombres, heterosexuales u homosexuales, debemos pedir perdón por juzgar a nuestra clase —o ralea— política como corruptos, ladrones, desalmados, deseducados, traicioneros, mentirosos, oportunistas, soeces, ineficaces, responsables de la pobreza de la mitad de la población y de las muertes de los indocumentados que abandonan México para alimentar a sus familias y pierden la vida en los desiertos gringos, y un inmenso etcétera. Debemos pedir perdón, repito, porque el gen Azteca no es de origen azteca; es decir, nuestros antecesores no son responsables del Estado fallido en el que se ha convertido nuestra nación.

Las razones son otras. A fuerza de tanto robar y maltratar, las influencias externas fueron modificando nuestro árbol genético —eso sucede en la realidad, no es invención mía: se denominan memes—. Los cambios, impuestos por el ambiente y por las faenas políticas, con el tiempo transformaron los cromosomas de los hijos de los hijos de los hijos de los políticos y éstos, a su vez, mutaron poco a poco, y, con el tiempo, uno de los genes ahí anclados cambió y se convirtió en el gen Azteca.

La pregunta no es si la nación se mantendrá en pie a pesar del gen de nuestros políticos. Son dos las cuestiones, ¿debe encarcelarse a algunos, o mejor a muchos, políticos por sus hurtos, o debemos perdonarlos por ser portadores del gen y por ende no ser responsables por la situación de la nación? ¿Será posible sobornar a los científicos marcianos para que modifiquen el gen azteca y lo conviertan en motor de cambio a favor de la población mexicana? Soñar no cuesta.

Médico.

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor de la Facultad de Medicina, UNAM. Miembro del Colegio de Bioética. Colabora mensualmente en la revista Nexos. En 2013 publicó "Decir adiós, decirse adiós" (Mondadori).