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25/02/2018
02:14
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Hace poco comenté con un amigo que siempre escribo, y, a la vez, no escribo el mismo libro. A renglón seguido agregué, “lo modifico conforme me modifica la vida”. Lo mismo sucede con las obsesiones. Regreso a una de ellas, el problema del Mal (con mayúscula). Problema no más vigente que antaño pero sí más triste y amenazador. Triste: el conocimiento acumulado no ha atemperado el Mal. Amenazador: El poder destructivo de las armas y del ser humano se ha reproducido ad nauseam.

A Epicuro se le atribuye una de las formulaciones sobre el Mal. Hume y Leibniz retomaron el tema. Debatir sobre el origen del Mal es materia de los alumnos de teodicea. En el libro, Ensayo de Teodicea. Acerca de la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal, Leibniz reflexiona sobre la teodicea, rama de la filosofía cuyo objetivo es demostrar la existencia de Dios. De acuerdo con Epicuro, el problema de Dios frente al Mal genera los siguientes embrollos:

1. Quiere eliminarlo pero no puede.

2. Es capaz pero no desea hacerlo.

3. Puede y quiere eliminarlo.

4. Ni puede ni quiere.

En el primer postulado, Dios no sería omnipotente. En el segundo, Dios no sería bondadoso, sería malévolo. En el tercero, si puede y quiere, por lo tanto, ¿de dónde surge el Mal?, ¿por qué no lo elimina? En el último planteamiento, ¿por qué llamarlo Dios si no es ni bondadoso ni moralmente perfecto ni omnipotente?

La idea planteada por Epicuro es formidable. El intringulis nace con el ser humano, independientemente de si tiene o no fe en Dios. Para los no creyentes el dilema expresado por el filósofo griego es un reto interesante. No se trata de denostar la figura de Dios, ni tiene caso, ni sirve. Se trata de estimular el pensamiento. Invita a reflexionar en uno mismo y en los otros. Tanto para religiosos como para ateos vale la pena asomarse a Peter Singer. En su ensayo, ¿El Dios del sufrimiento?, escribe, “¿Vivimos en un mundo creado por un Dios todopoderoso, omnisciente y absolutamente bueno? Los cristianos así lo creen. No obstante, todos los días nos enfrentamos a un motivo poderoso para dudarlo: en el mundo hay mucho dolor y sufrimiento. Si Dios es omnisciente, sabe cuánto sufrimiento hay. Si es todopoderoso, podría haber creado un mundo sin tanto dolor —y lo habría hecho si fuera absolutamente bueno”.

Para los creyentes el problema tiene otras caras, todas complejas. En esencia, la incompatibilidad de dos atributos, la bondad y la omnipotencia, frente al Mal. El don del libre albedrío otorgado por Dios, de acuerdo con las lecciones de los ministros, lo exime de los actos cometidos por los seres humanos. El Mal es responsabilidad de quien lo comete y no de Él. Ese atributo, aunque los feligreses lo asumen como cierto, debe cuestionarse. Ejemplo es la prohibición de la eutanasia activa. “Dios da la vida y sólo Él tiene el derecho de quitarla” es viejo dogma religioso. Ese dictum es antagónico al libre albedrío.

Bien planteó Maimónides el intríngulis del libre albedrío. En su Código de Leyes Relativas al Arrepentimiento, cuando cavila sobre las vicisitudes de las llamadas acciones “buenas o malas”, escribe: “¿Dios sabe o no sabe si un individuo será bueno o malo? Si la respuesta fuese, ‘sí, lo sabe’, entonces la persona estaría obligada a actuar como Dios lo pensaba antes de que actuase; de otro modo el conocimiento de Dios sería imperfecto”.

Difícil salir del laberinto propuesto por Epicuro. La esencia del planteamiento reta la capacidad argumentativa y a la vez invita a cuestionarse: no mirar el mundo y el dolor de cientos de millones de seres humanos es inhumano. Los enunciados dictados por Epicuro no son independientes; las respuestas aisladas impiden el diálogo. El quid epicureano es pensar en el sufrimiento. No como un problema teórico o divino —inútil culpar a Dios—, sino como responsabilidad humana. Cuando se trata del sufrimiento de personas inocentes, la (supuesta) presencia de Dios palidece frente a la injusticia y sus derivados: pobreza, oprobio, pederastia, refugiados, indocumentados que mueren en el desierto, falta de oportunidades y libertades, todas ellas, partes del Mal.

Debatir las ideas de Epicuro es útil. El sufrimiento no requiere explicaciones divinas, exige respuestas humanas.

Médico

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor de la Facultad de Medicina, UNAM. Miembro del Colegio de Bioética. Colabora mensualmente en la revista Nexos. En 2013 publicó "Decir adiós, decirse adiós" (Mondadori).

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