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Fractura en la cima

14/09/2017
02:15
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En estos días en que, según cifras oficiales, el país parecería estar a las puertas del paraíso, las investigaciones reveladas por Animal Político y Mexicanos Unidos contra la Corrupción y la Impunidad, han levantado un nuevo bullicio. En su estudio intitulado La estafa maestra, que parte de los hallazgos de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), han probado cómo a través de resquicios legales y triquiñuelas, distintas dependencias, de manera señalada Sedesol, se han servido de universidades públicas para desviar cuantiosos recursos hacia empresas fantasmas que después de recibir esos montos desaparecen con el dinero.

La estafa maestra confirma un modus operandi diseñado desde las esferas más altas de la administración pública federal, para extraer miles de millones de pesos destinados a los más pobres. ¿Para llevárselos a paraísos fiscales?, ¿para la operación político-electoral o para ambas?

El Informe del Resultado de la Fiscalización de la Cuenta Pública (IRCP) 2015 de la ASF identificó un posible desvío de por lo menos mil 878 millones de pesos que involucra a Sedesol (una dependencia que en aquel año tuvo a dos titulares: Rosario Robles y José Antonio Meade), a través de un “esquema de simulación de servicios”, que permitió, entre otras cosas, que a tres universidades mexiquenses —Tecnológica del Sur del Estado de México, Tecnológica de Nezahualcóyotl y la Politécnica de Texcoco— se “desviaran” 887 millones de pesos.

Transcurren los días y no hay una respuesta enérgica, eficaz de las instituciones responsables. Es el país de las impunidades. Y no es que estén aturdidos, lo que pasa es que están haciendo lo que se les ordena: nada.

En el sistema político mexicano, la dependencia encargada de procurar justicia ha sido usada como parte de las pinzas que atenazan a los disidentes, tanto dentro como fuera del círculo del poder. Durante décadas, se acostumbró escoger cada seis años a una figura relevante —Jorge Díaz Serrano, Joaquín Hernández Galicia o Raúl Salinas de Gortari—, como cordero pascual: su sacrificio lavaba los pecados de todos los demás y la PGR cumplía así su papel como maquinaria de coerción, de intimidación, de castigo selectivo.

Las revelaciones de The New York Times, publicadas en su página principal el pasado 30 de agosto, revelan una fractura en la cima. En los circuitos de Los Pinos les perturba e irrita que algunos de los empresarios más destacados de México estén patrocinando instituciones como Mexicanos Unidos contra la Corrupción y la Impunidad, que encabeza María Amparo Casar; México Evalúa, con Edna Jaime al frente o el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) que dirige Juan Pardinas. Les fastidia que algunos de los grandes capitanes de empresas hayan decidido dejar la comodidad de sus negocios y los arreglos con el poder, para financiar organismos no gubernamentales integrados por académicos prestigiados y periodistas profesionales que, con gran acuciosidad y valor civil, están supliendo a las instancias oficiales adormiladas o alineadas, que actúan o dejan de actuar por consigna.

Si las críticas y las movilizaciones de Coparmex le parecían incómodas al poder, las investigaciones y revelaciones de estos organismos ciudadanos y sus repercusiones en The New York Times, los daña seriamente y los exhiben afuera.

No podría dudarse que muchos de los mayores empresarios han amasado fortunas a partir de relaciones mutuamente favorables con los miembros de la clase gobernante, pero hoy, cuando la voracidad del grupo en el poder parece haber rebasado todo límite, han decidido —como en 1982 tras la expropiación bancaria— hacer algo. También debe haber influido en su reacción el acompañamiento a la clase gobernante por un grupo de advenedizos que han acaparado los más importantes proyectos y las más jugosas concesiones.

Contra la costumbre de moverse por la sombrita, dos empresarios sobresalientes: Alejandro Ramírez, presidente del organismo más poderoso del empresariado, el Consejo Mexicano de Negocios (CMN) y Claudio X. González Guajardo levantan su voz contra la corrupción en distintos foros y dice cosas que no escuchábamos antes de empresarios de ese calibre.

El descaro y la arbitrariedad de esta clase gobernante y su decisión de retener el poder a cualquier costo, están confeccionando un escenario crítico. Es una osadía intentar hacerle “manita de puerco” con auditorías y amenazas veladas a algunos de los mayores empresarios de México. Al presidente Peña le convendría que le contaran cómo se le descompuso el escenario de fin de sexenio al presidente Luis Echeverría tras su pleito con los grandes empresarios de Monterrey.

Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario.
@alfonsozarate

Alfonso Zárate Flores, Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario, GCI.

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