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Peña, Videgaray y Meade van a perder

04/12/2017
02:13
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En el ring de la elección presidencial de 2018 habrá contendientes en las cuatro esquinas, aunque no todos estarán en la pelea. Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade y quien represente al Frente Ciudadano serían en principio opciones reales de poder, mientras que el cuarto espacio, el de los independientes, serviría voluntaria o involuntariamente al priísmo para quitar sufragios a los dos candidatos opositores. Más aún, probablemente una contienda que empezaría a tercios acabaría reduciéndose a una parejera. Pero atención: el supuesto del PRI-gobierno de que el voto útil se daría para impedir el triunfo de Morena, como en 2006 y 2012, es asaz debatible. Eso ocurrió cuando los electores enojados eran minoría, pero ahora que son mayoría el voto útil bien puede enderezarse contra el establishment priñanietista.

Hay otra premisa cuestionable, que es asumir que el abanderado priísta será uno de los dos finalistas. Es una posibilidad, no una fatalidad. Si la embestida mediática y quintacolumnista contra el Frente logra su objetivo subirán al segundo lugar —hoy ocupan el tercero—, pero eso está por verse. Además, su apuesta por Meade puede resultar fallida. Supongo que se le escogió por tres razones: 1) la corrupción del actual gobierno se ha vuelto el principal irritante social y, aunque la complicidad del ex secretario de Hacienda con el sistema es inocultable, no se le conocen actos de enriquecimiento inexplicable; 2) su cercanía con el calderonismo puede meter en sus alforjas una parte del electorado panista; 3) su carencia de carisma y arrastre popular puede ser compensada por la estructura clientelar, la maquinaria electoral y el aparato del Estado —medios incluidos— al servicio del priísmo.

Pero esa candidatura del PRI tiene una gran desventaja. Si bien sus dirigentes y cuadros son extremadamente disciplinados, sus votantes de base ya no lo son tanto. Su voto duro se ha reblandecido. En ese contexto, presentar un candidato externo no parece ser lo más sensato. El liderazgo que Enrique Peña Nieto consolidó dentro de su partido tras la nefanda elección mexiquense ha demostrado que el ADN priísta —autoritarismo, obediencia acrítica al Presidente— puede anular cualquier disidencia de arriba, pero no ha probado ser capaz de contrarrestar la inconformidad de abajo, la de los militantes y simpatizantes que no ven con buenos ojos a un abanderado ajeno a sus filas. Por lo demás, el hecho evidente de que no haya sido el presidente Peña Nieto sino el canciller Videgaray quien dedeó y destapó a José Antonio Meade también puede pesar en el imaginario tricolor. En su “liturgia”, el sumo sacerdote del PRI abdicó de su responsabilidad más sagrada, la consagración, y la cedió a un poderoso monaguillo tecnócrata que ejerce sobre él un control prácticamente absoluto. Así, podría haber una deserción priísta silenciosa e invisible, que no necesitaría ser masiva para restar puntos decisivos en una liza tan cerrada.

Hay más inconvenientes. El túnel del tiempo en el que el priñanietismo metió a México no atraerá a los millenials, quienes observan el dedazo y la cargada como verían la sala de paleontología de un museo de historia natural. Meade es un hombre inteligente y amable, que suscita simpatía en quienes lo conocemos y particular entusiasmo entre los grandes empresarios, pero difícilmente capturará la imaginación de los jóvenes porque la marca que carga es antediluviana. El candidato priísta, pues, enfrentará un obvio dilema: en la medida en que se aleje del PRI para ganar switchers perderá apoyo de los priístas, y cada vez que pida al priísmo que “lo haga suyo” sufrirá mermas en la legión antipriísta.

Quizá el cálculo de los estrategas priñanietistas no sea un error sino lo menos malo para su causa, dadas las circunstancias, pero creo que no les va a alcanzar para ganar. Espero, eso sí, que cuando pierdan no se empecinen en imponerse a la mala, porque el horno popular no está para bollos fraudulentos. Sé que lo he dicho muchas veces, pero no sobra reiterarlo: el pasto social está seco y a nadie le conviene arrojarle chispas.

 

Diputado federal del PRD.
@abasave

Agustín F. Basave Benítez (Monterrey, México, 1958) es Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford. Inició su vida profesional entreverando teoría y praxis en diversos cargos públicos (...

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