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Pequeños leñadores

24/12/2015
02:32
Isis M. García
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Cuautla, Morelos.— “A mí me gusta mucho la mecatrónica. La verdad, no me gustan los árboles, sólo lo hago por trabajo”, dice José de Jesús, de 15 años. Vive en el municipio de Ayapango, a más de una hora de distancia del Bosque de los Árboles de Navidad, en Cuautla.

“A mí me gusta la mecatrónica porque cuando mi papá arregla el carro me quedo ahí observando para aprender cómo lo hace. La verdad no me gustan los árboles, sólo lo hago por trabajo”, dice José de Jesús. Él tiene 15 años y vive en el municipio de Ayapango, a más de una hora de distancia del Bosque de los Árboles de Navidad, en Cuautla.

A simple vista, lo único que lo destaca de los otros 250 niños, con cachuchas naranjas y chalecos del mismo color, es su altura. Es un poco más alto y robusto que la mayoría de sus compañeros. Es el penúltimo año que podrá trabajar en el Bosque ayudando a los clientes. “Todos los niños de la zona saben que les conviene venir aquí en esta época porque ganan más que sus papás”, explica Carlos Maurer, hijo del fundador del negocio, Ernesto Maurer.

En la entrada del Bosque, los cachucha naranja, niños de entre 12 y 16 años, tienen una base donde esperan que los automovilistas se detengan para seleccionar a uno de ellos, quien les ayudará a cortar y montar el árbol en el toldo de su auto. José de Jesús se aprovecha de su tamaño en la fila. Mientras sostiene con la mano izquierda a los niños más pequeños para impedirles el paso, pide un aventón con la mano derecha a los automovilistas.

Este año acudieron 50 mil familias a cortar su árbol al Bosque de Árboles de Navidad más grande del mundo, está conformado por 550 hectáreas; en las de mayor tamaño hay sembrados hasta medio millón de pinos.

“La mayoría de las personas piensan que cortar un árbol deteriora el medio ambiente, cuando en realidad es exactamente al revés. Por el mismo motivo que cuando consumes tortillas no te acabas el maíz del mundo. Cuando compras tortillas, hay gente interesada en plantar más maíz, porque es negocio. Lo mismo sucede con los árboles, con el dinero que tú pagas, los productores de bosques generamos más bosques”, comenta Carlos Maurer, quien es miembro del patronato del bosque.

En el vivero del Bosque se producen árboles que se cuidan hasta que tienen dos o tres años y después se llevan al campo para que sigan creciendo. Un árbol, desde la semilla hasta que tenga dos metros, o dos metros veinte, que es el tamaño ideal para las casas, se tarda entre nueve y diez años en crecer. “Cuando vienes a podar el árbol no se muere, es como cuando cortas una rosa, vuelve a crecer. Aunque tardan varios años”, argumenta Maurer. Cada año producen oxígeno para 49 millones de personas.

Una camioneta se detiene y un cachucha naranja se sube en la cajuela. Al llegar les recomienda a los clientes, una familia indecisa, qué árbol comprar. En el lugar se venden tres especies: el Vikingo tipo oso, El Vikingo Oro y el Douglas Canadiense. “Los que más recomiendo son los Douglas porque además de ser olorosos, son los que más resisten al peso”, comenta Cristian, de 12 años, originario de Santa Isabel Chalma, en Amecameca.

“Esta es la fuente de empleo más grande de todo el valle. Muchos trabajan aquí podando los árboles, cuidándolos de las plagas, en brechas contra incendios. Es el único bosque donde no hay basura. Hay grandes equipos de trabajo”, afirma Carlos Maurer.

Un niño sujeta la cuerda que amarra a un pino por la mitad, aprieta los labios y consigue levantar el árbol que casi le dobla el tamaño y posarlo sobre sus rodillas. Posteriormente un adulto le ayuda a subirlo a una camioneta. A pocos metros de distancia otro cachucha naranja escala hasta el toldo de un auto con la misma facilidad que un mono trepa un tronco.

“Vengo desde las 6:30 y me quedo hasta las 8:30 o 9 de la noche”, cuenta Edgar, un cachucha de 15 años proveniente de Tlalmanalco, mientras ayuda a enmallar el árbol de una familia. “Es pura propina lo que te dan, pero te puedes llevar hasta 500 pesos en un día”.

Por cada árbol que cortan plantan siete. Sin importar su tamaño, todos cuestan 595 pesos, mientras que en los centros comerciales el costo promedio es de mil 500 pesos. “Un árbol de plástico se convierte en basura. Las familias vienen por la experiencia. Nadie va a los centros comerciales con cámaras de video. No vendemos árboles de Navidad, vendemos la experiencia. Aquí todo se vende a familias mexicanas. Los gringos que se hagan bolas solos”, señala Maurer.

Los cachuchas José de Jesús y Edgar pasarán su Navidad con árboles artificiales. Sólo Cristian tendrá uno natural, sus padres y él lo eligieron la semana pasada. Sus planes a largo plazo son diseñar motores y grandes edificios; a corto plazo, seguir ayudando a sus familias con sus ingresos del Bosque; y para esta Navidad, sólo desean pasarla en familia. “No hay que dejarse llevar por los regalos, ni por las cosas bonitas, siempre y cuando esté la familia, no va a haber ningún arbolito que pueda superar eso”, explica Cristian.

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