CRÓNICA. El brindis de aliados, con tequila y cachaza

Mandatarios borran sombra de rivalidad política
Enrique Peña Nieto y Dilma Rousseff, pasaron revista a la Guardia de Honor en Palacio Nacional, durante la ceremonia de bienvenida (RAMÓN ROMERO / EL UNIVERSAL)
27/05/2015
02:29
Francisco Reséndiz
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Se pusieron de frente. Uno a uno. Entonces brindaron con tequila y cachaza. Sonrieron. Ha pasado tiempo desde aquel 20 de septiembre de 2012, cuando el presidente Enrique Peña Nieto visitó a la presidenta Dilma Rousseff en el Palacio de Planalto.

Y ayer los presidentes de México y Brasil desvanecieron en unas cuantas horas cualquier sobra de rivalidad política y comercial entre las dos principales potencias económicas de América Latina... se reconocieron como socios y amigos.

Es más de mediodía. Ha habido un ajuste de 30 minutos a la agenda inicial. Los brasileños saben de las atención que dio el Presidente de México a la emergencia en la fronteriza Ciudad Acuña tras el paso de un tornado que mató a 13 personas. Ellos vivieron una situación similar hace algunas semanas.

Hace calor. La delegación brasileña busca refugio tras los pilares que rodean a la Fuente del Pegaso que corona el centro del Patio Central de Palacio Nacional. Cerca la embajadora de México en Brasil, Beatriz Paredes, de cabello suelto y con vestido blanco, largo, a los tobillos, espera.

Un minuto después de las 12:30 horas el presidente Peña llega al Patio Central. Sólo espera un instante cuando el vehículo de Dilma Rousseff ingresa a Palacio Nacional. Se saludan, se ven solemnes. Caminan juntos a la cara sur del patio, escuchan los himnos nacionales, pasan revista a la guardia de honor y presentan a sus comitivas.

Entonces caminan hacia el Salón Azul para hablar en privado, solo con sus más cercanos colaboradores. En ese andar nuevamente el Presidente de México echa mano de las grandezas mexicanas, como lo hizo con los presidente Barack Obama, Hollande o Xi Jinping; esta vez son los murales de Palacio Nacional.

Detrás de ellos caminan las dos delegaciones, mezcladas. Han pasado más de dos horas. Dilma y Peña bajan por la escalera que lleva del despacho presidencial y de la Galería de los Presidentes al Patio de Honor de Palacio Nacional. Momentos antes el Presidente impuso a Rousseff la Condecoración del Águila Azteca y recibió de su invitada la Condecoración de la Cruz del Sur.

Se ven más relajados, frescos, contentos. En el Salón de la Tesorería los esperan más de 200 invitados, donde brindan. De frente, uno al otro, como socios y aliados... como amigos.

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