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Batallas Íntimas

Brutalmente desgarrador, Batallas Íntimas es una denuncia por demás pertinente mostrada mediante una mezcla de historias que parecen inverosímiles pero que apenas son la punta del iceberg.
24/11/2017
10:19
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Al inicio de Batallas Íntimas, el tercer largometraje documental de la directora Lucía Gajá, vemos una especie de collage con imágenes de varias bodas: ellas con cara de ilusión en sendos vestidos blancos, ellos elegantes y con sonrisa plena, alrededor los amigos, las cámaras, la recepción. Todo es júbilo y buenos deseos. Es el inicio de una vida que promete felicidad y amor eternos.

 

Acto seguido, en una elipsis cruel pero efectiva, vemos -años después- a alguna de esas mujeres antes llenas de ilusión, denunciando ante el MP a su marido por maltrato físico, golpes, insultos. El sueño termina con la realidad atroz de la violencia intrafamiliar.

 

Tristemente, Lucía Gajá tiene en México material de sobra para su documental, pero la mirada de la cineasta es mucho más amplia. Podría pensarse que la violencia intrafamiliar es un asunto de economía, de bajos niveles educativos o incluso de costumbres. Para demostrar lo contrario, Gajá junto con su equipo viajaron a Nueva York, India, España y Finlandia para exponer casos de mujeres maltratadas en su propio hogar.

 

No importando idioma, nivel socio económico o tradiciones, las historias que recaba la directora para su documental son siempre similares: un noviazgo de película, la promesa de una vida feliz y una boda llena de ilusión que poco a poco se va resquebrajando a base de celos, golpes y violencia.

 

Los testimonios son desgarradores. Mujeres que han sido violentadas sistemáticamente, insultadas una y otra vez, que les revisan el celular o el kilometraje del auto, que no pueden hacer una llamada telefónica a menos que sea en el altavoz. El colmo y la cumbre de la posesión, cual si fueran objetos u animales que se deben a su dueño. Se trata de historias que en el tercer mundo escuchamos a diario y que, hay que decirlo, suenan extrañas cuando surgen de lugares del primer mundo como Finlandia o Nueva York.

 

Y es que, como se vé en el documental, la violencia doméstica no está ligada al nivel socioeconómico, se trata de un comportamiento aprendido: los hijos ven a sus padres pelear y creen entonces que esa es la única manera de arreglar las cosas; pero como bien menciona una de las entrevistadas, se trata de un comportamiento que también se puede desaprender. Por lo pronto la violencia dentro de la familia es ya una epidemia. Según cifras de la ONU, una de cada tres mujeres ha sido alguna vez maltratada, generalmente por su pareja.

 

Lucía Gajá juega en una delgada línea que separa el amarillismo de la denuncia. Parece perogrullo pero se agradece que la cineasta presente sólo casos que han sido denunciados. En un momento como el que se vive actualmente, en que todos los días se denuncia un nuevo caso de acoso en las esferas del show business y donde el gran tribunal son las redes sociales, resulta importante recordar que la violencia tiene muchas formas, que está en todos lados, incluso puede estar en casa, o con el vecino de enfrente y que esos casos no llegan a Twitter ni generan la misma indignación. Mucho menos tienen hashtag.

 

Pero ahí están, existen. Son mujeres que aprendieron que el amor va ligado al dolor o al sufrimiento, que han sido colgadas de una ventana, quemadas de sus rostros, encerradas en su casa, aisladas de parientes y amigos. Todo en nombre del amor.

 

Brutalmente desgarrador, Batallas Íntimas es una denuncia por demás pertinente mostrada mediante una mezcla de historias que parecen inverosímiles pero que apenas son la punta de un iceberg.

 

La mujer, como decía Lennon, sigue siendo el negro del mundo.

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Twitter: @elsalonrojo

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Crítico de cine con 9 años de experiencia profesional. Ha colaborado en revistas y periódicos como 24 Horas, Newsweek, Chilango, Quién, Esquire, Cambio, entre otros.

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